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02 de Diciembre, 2011 | Desde mi biblioteca

En las fronteras de nosotros mismos

En algún momento de nuestras vidas sentimos que hemos llegado al final de un camino. Los síntomas son variados. Desde un difuso estado de tristeza hasta episodios depresivos pasando por desgana, necesidad de dejarlo todo, hastío, tedio, vacío. Son los llamados hitos, fases decisivas en nuestra existencia. Cada uno los resuelve como puede, en función de sus propias posibilidades. Es como colocarse en una frontera. Es esta la sensación que una mañana, Elina Wilk, integrante de la policía sueca, percibe que le recorre todo su ser, toma el coche y se va hacia el sur, llega a Italia, conoce a un hombre y ya nada será como antes.

La huída de Elina Wilk es en realidad una desesperada búsqueda de reencontrarse consigo misma. Acababa de cumplir 36 años  y se percibía  como que en su diario trajinar en su trabajo en Estocolmo “iban pasando las semanas y ella seguía allí. Realizaba su trabajo de forma irreprochable, por sentido del deber…pero permanecer en la comisaría era como continuar en un matrimonio muerto. La vida seguía en algún otro sitio”.  Sobre este eje de peregrinaje hacia uno mismo gira la novela Tierras de frontera del escritor sueco Thomas Kanger(1951) editada por Ediciones B en Buenos Aires en el 2009.

Es entonces un doble viaje: hacia el sur del continente y hacia el centro desconocido de sí misma. Al llegar a Italia, en un pequeño pueblo llamado Monte Angelo conoce a un hombre que ni siquiera la gente del pueblo sabe de dónde proviene. Vive allí, esconde un pasado que prefiere dejarlo atrás. Dice llamarse Alex Niro. Estos dos seres solos y a la deriva, Elina y Alex se enamoran, viven un intenso romance. Hasta que alguien mata a Alex. Elina sabe después que estaba embarazada de él.  Vuelve a Suecia, tiene la hija, pero sabe que demasiados secretos habitan el sur, desde Italia hasta Croacia, de donde resultó ser originario Alex. Allí  en su terrible pasado de las guerras en los Balcanes cuando se desintegró Yugoslavia está el origen de la tragedia de ese hombre enigmático que caló hondo en su corazón. Y entonces vuelve al sur para entender la tragedia de Alex, cerrar una etapa, cruzar la frontera de su vida pasada y darse otra oportunidad.

El mismo nombre de la novela, Tierras de frontera se ajusta con precisión a los contornos de los personajes principales. Elina y Alex, por diferentes caminos, razones y circunstancias, habían llegado a una frontera de sí mismos. Ambos estaban huyendo. Al encontrarse creyeron alcanzar un estadio no sólo de cierta paz interior sino también una nueva oportunidad para explorar caminos nuevos. La muerte violenta de Alex frustró esa perspectiva de pareja, pero por Mina, la hija de ambos, la que no conoció al papá, Elina, por fin, visualiza que otra vida es posible.

Casi sobre el final de la novela, Elina nota que “por primera vez en más de diez años, se sentía satisfecha con su vida: ya no tenía necesidad de ir todo el tiempo acelerada, corriendo, sin saber muy bien hacia dónde ni porqué”.

Tierra de frontera de Thomas Kanger es más que un relato de un misterio a resolver. Se trata de una acertada muestra de cómo los seres humanos, en más de una ocasión, necesitamos trasponer  nuestras propias fronteras y renovarnos, para respirar aires más puros, más auténticos.

Carlos Martini

Sociólogo y periodista.

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