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04 de Junio, 2011 | /opinions/list

Empleo: Malas noticias para Obama

Las encuestas sobre la popularidad del ex presidente George W. Bush en marzo de 1991, después del final de la primera guerra del Golfo cuando sin bajas estadounidenses había conseguido expulsar a Iraq de territorio kuwaití, el cual había sido invadido por las fuerzas de Saddam Husein en agosto de 1990, marcaban un sideral apoyo de alrededor del 90%. Al año siguiente, en noviembre de 1992, era derrotado por el demócrata Bill Clinton.

Fue la economía, o su mala situación en geeral y en el empleo en particular lo que derritió  tamaña popularidad. Salvo coyunturas muy  específicas de amenazas inminentes a la seguridad nacional o estados de guerra que movilizan a la opinión pública, el estadounidense medio, como en muchas otras partes, se guía por el termómetro particular de sus niveles de bienestar cotidianos, y en ese termómetro el empleo es clave.

Estas reflexiones sobrevolaron en las últimas horas a los estrategas tanto demócratas como republicanos Ocurre que el viernes 3 se difundió el último dato sobre el empleo en los EE.UU y el panorama sigue sombrío.  En efecto, el desempleo repuntó en mayo y se sitúa en torno al 9,1%, lo que quiere decir unas 14 millones personas sin empleo y otras tantas con puestos precarios.

Los datos son contundentes: en mayo se crearon solamente  54.000 puestos de trabajo, apenas una cuarta parte de lo que había ocurrido en meses precedentes. ( La Nación, Buenos Aires, 4 de junio de 2011). Las cifras señalan entonces que casi 1 de cada 10 estadounidenses está desempleado, que se crean menos empleos que los necesarios y que miles de los que se crean son de baja calidad.

Así como Bush padre tuvo aquel momento de luna de miel con la opinión pública en marzo de 1992, lo mismo le paso a Barack Obama en los días siguientes al 2 de mayo pasado, cuando un comando de élite consiguió acabar con la vida del enemigo público número uno de su país, Osama Bin Laden. La popularidad del actual inquilino de la Casa Blanca tuvo un repunte notable. En ambos casos, los de Bush padre y los de Obama estuvieron relacionados con logros en el campo de batalla.

Y esto es lo que ahora desafía a los estrategas demócratas. No quieren que en noviembre del año que viene, cuando se realizan las próximas elecciones generales, con Obama se repita la historia del primer Bush. Necesitan que sea la economía y el empleo los que empujen al presidente actual a su reelección.  Ante estos datos el Departamento de Trabajo reaccionó afirmando que se trata solamente de un bache en el camino de la recuperación.

En cualquier caso, queda tiempo, pero la lección se la saben todos. En el momento de elegir, las batallas en campos lejanos, salvo que se trate de una fase de guerra aguda, no cuentan como la sensación de las familias acerca de su presente y futuro en el plano del bienestar y especialmente en el empleo.

 

 

Carlos Martini

Sociólogo. Periodista. Docente

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