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21 de Junio, 2011 | Desde la calle

El viaducto de la adicción

Bajo el viaducto de calle Última y Eusebio Ayala conviven cerca de 15 niños y niñas que asaltan a los transeúntes que circulan por este sitio, a cualquier hora del día. Pero en especial -o con mayor frecuencia- desde las 17 horas hasta la madrugada.

Aquí se encuentran dos grupos de seguridad estatal, uno de la policía y otro de militares, con el apoyo de bomberos voluntarios. Sin embargo, ninguno puede hacer nada, aseguran sus representantes, porque los pequeños delincuentes son menores de edad y cualquier demora solo puede ser autorizada por el Ministerio Público.

Los uniformados cuentan con cuatro cámaras de circuito cerrado, que están ubicadas en puntos estratégicos del viaducto, pero ninguna sirve para grabar cualquier movimiento en falso. Solo están para ver lo que pasa en los alrededores. O sea, finalmente no sirven para nada.

Esporádicamente llegan a este lugar los funcionarios de la Secretaria de la Niñez, conocidos como educadores, para asistirlos en sus necesidades, pero la tarea ha sido insuficiente para sacarlos de la calle, brindándoles una mejor calidad de vida. La Codeni ni aparece por esta zona. Las organizaciones no gubernamentales hicieron la vista gorda a esta delicada cuestión.

Los menores duermen en el suelo y en un patio baldío, que está abandonado al costado del viaducto. Más de 200 bolsitas están esparcidas en la avenida y calles aledañas, producto de la inhalación de la cola de zapatero, cuyos recipientes evidencian el consumo en exceso desenfrenado de este producto, que hace delirar a los pequeños.

Además de la cola de zapatero, el desayuno, almuerzo, merienda y cena de estos niños-delincuentes, mal llamados “pirañitas”, es el crack (considerado una droga altamente adictiva) que lo consumen en una pipa pequeña de fabricación ingeniosamente casera.

Una de las nenas de 14 años contó, en un enlace en vivo, al programa “Bien Temprano”, de Canal 13, que roba con cuchillo en mano celulares y cadenillas de oro, que los vende en el mercado negro a menor precio del real para comprar las drogas.

Desde hace meses, esta criatura, al igual que sus amigos de calle, no degusta un vaso de leche, ni saborea un rico puchero; ya pasaron varios días sin que estos niños se den un digno aseo corporal. Sus pies y manos están infectados. No tienen la protección contra ninguna enfermedad a través de la vacunación gratuita que impulsa el Ministerio de Salud Pública.

La nena dijo que perdió su inocencia hace dos años atrás, ya que tiene una pareja adolescente dos años mayor de ella.

De acuerdo a datos de la Policía Nacional, esta niña ya tiene registradas 84 entradas en la comisaría de la jurisdicción, y que presumiblemente la tendencia, en base a su estilo de vida, seguirá aumentando su negro antecedente ya que las instituciones facultadas para este sector no tienen planes efectivos de recuperación y reinserción para los pequeños.

La impresión que me queda es: ¿si estos menores de edad, en situación de calle y peligrosidad, asaltan para comprar drogas y caer en la adicción, qué futuro le espera a nuestra sociedad cuando ellos sean adultos?

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