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12 de Julio, 2010 | El Análisis de Dario Abelardo Cárdenas

El premio quedó en manos del mejor

El campeonato del mundo es historia, ha pasado tan rápidamente que nos cuesta encerrar en la memoria tantos partidos, tantas jugadas, tantos goles. Pero nos queda nítido el mejor equipo del torneo y que se ganó el título fiel a su estilo que no abandonó nunca, aún frente a los equipos más cerrados. Mantuvo el orden, la paciencia para transformarlo en magia y fútbol del más refinado estilo. Ese fue España, que por ser el mejor, se llevó el premio reservado solo para los tocados.

El partido final puso frente a frente dos realidades. Por un lado, el vano intento del fútbol holandés de alzarse con su primer título mundial, tras fracasar en 1974 y 1978. Por el otro, cerrando un capítulo que le faltaba para llenar el libro glorioso de su deporte, que vio la luz en las olimpiadas de Barcelona en el 92. Holanda venia invicta de 25 partidos, brillante y ansioso de coronar el largo trayecto con el campeonato. Perdió el único partido que no tenía que perder, el del título. Del otro lado, España culminaba un proceso jalonado de victorias, empezando con los juveniles que fueron los primeros en ganar un título mundial, pasando por la Eurocopa de hace 2 años y anclar con el trofeo más importante ganado en toda su historia.

El fútbol se puso a la altura de otros deportes que hace rato le acercaron al pueblo español la alegría de las grandes conquistas. El tenis de la Davis, Rafa Nadal con su primer lugar en el ranking ganándole a cuantos se le pongan delante, el basquetbol, el futbol sala, el automovilismo con Alonso, el ciclismo con Contador, y muchas otras disciplinas ganadoras que no son producto de la improvisación ni de la casualidad. En España han trabajado en serio para tener la excelencia y hoy son ejemplos en el mundo.

Un mundial sin estridencias

Este fue el mundial en donde la individualidad sucumbió ante el concepto del juego asociado. Por ello, las promesas de las grandes expresiones singulares, terminaron siendo eso, promesas. Fracasaron las grandes individualidades como Messi, Cristiano Ronaldo, Kaká, Rooney. No apareció nadie que cegara al resto con luces propias. No hubo revolución de nuevas estrategias, es decir, el fútbol no ha tenido ninguna gran transformación. Nada nuevo hay bajo el sol, por ahora.

Entre todo eso, España ratificó su gran candidatura. Tras la derrota inicial ante Suiza, su trayecto fue constante, continuo, hasta sufrido, pero siempre tratando de imponer el fútbol bien jugado, las genialidades colectivas que nacieron de Iniesta, Xavi, Fábregas y los goles de Villa, para salir con la satisfacción de decir que hubo alguien que llenó las exigencias del amante del fútbol arte.

Y nos queda el recuerdo de la participación paraguaya, que terminó en el bendito quinto partido. Terminamos octavos entre 32 equipos. Un lugar nada despreciable si consideramos que por detrás quedaron grandes como Argentina y Brasil. Es deseable que todo lo que ganamos en Sudáfrica, tanto en el aprendizaje como en el aspecto monetario, sea invertido correctamente para que nuestro techo en los mundiales sea cada vez más alto.

Por Darío Abelardo Cárdenas

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