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04 de Septiembre, 2010 | El Análisis de Dario Abelardo Cárdenas

El lacerante momento de Olimpia

Olimpia transita el callejón más oscuro de su rica historia, destiñendo incluso una brillante imagen que supo ganarse a punta de triunfos, constituyéndose en el equipo más glorioso de nuestro fútbol. Hoy deambula sin brújula buscando encontrar el timonel que lo lleve al puerto soñado por su parcialidad: el retorno a los grandes triunfos y a las copas que rebosan sus vitrinas.



La tarea no es fácil, pues los problemas de Olimpia son estructurales y pasan mucho por la falta de unidad de sus dirigentes, que antes que sumar esfuerzos, se atrincheran en actitudes mezquinas y atomizan las voluntades para hacer del mismo un blanco vulnerable, que hace rato perdió el respeto de sus rivales.

El surco dejado por Osvaldo Domínguez es imposible de igualar. Y quien lo intente chocará siempre con la odiosa comparación con el más grande dirigente de nuestro país de todos los tiempos. Es por ello que pasaron por el Olimpia dirigentes con buenas intenciones y abultadas chequeras, pero todos fracasaron en el intento de llegar al título a nivel local, desde hace diez años.

Para lograr los títulos deben haber felices coincidencias. No solamente es cuestión de ganas, ni de dinero, sino que deben conjugarse una serie de factores que faltaron en todos estos años, haciendo crecer la ansiedad de la hinchada que se transforma en histerismo colectivo. Esa ansiedad no tuvo piedad de nadie. Hizo rodar la cabeza de ilustres referentes que hicieron historia en las grandes campañas olimpistas. Los grandes ídolos tuvieron que salir muchos de ellos por la ventana, después de haber sido venerados por esos mismos hinchas que no tuvieron piedad de su historia.

La eliminación de la Copa Sudamericana es casi una bendición para el franjeado, pues, le permitirá a Luís Cubilla buscar el tiempo para realizar el trabajo de armar un equipo con personalidad y con posibilidades de sacudirse la mediocridad que hoy tiene como rótulo. Es también una consecuencia lógica por la diferencia que se vio en los dos partidos, en donde el Defensor Sporting mostró la otra cara de la realidad de un equipo trabajado y con buenos jugadores: solvencia y personalidad para jugar igual en casa o en el exterior, un argumento solidamente exhibido por el añorado Olimpia campeón.

La búsqueda de la verdad, tratando de explicar este largo momento sombrío del franjeado ha sido variada. Pasando desde la maldición de un macumbero luqueño hasta llegar al gastado argumento de que solamente la vuelta de Osvaldo podrá devolver a Olimpia a sus viejas conquistas.

El fútbol es cuestión de momentos. El momento del presidente campeón ya pasó. Es historia, y junto a él también deben quedar los otros argumentos sin sostén que sistemáticamente van a morir sepultados por una realidad lacerante que es la necesidad de buscar en los hombres nuevos el talento y la capacidad de generar el trabajo necesario para encauzar las fuerzas dispersas de un gigante que proyecta su sombra de grandeza cada vez desde más lejos.

Olimpia necesita trabajo y tiempo para regenerar las cosas. Necesita la unidad de sus fuerzas dispersas, pero más que nada necesita de la voluntad de sus hijos para buscar la unidad que pueda evitar las batallas fratricidas; y su hinchada, la paciencia de esperar que alguien llegue con las alforjas llenas de ideas y buenas intenciones para reatar la historia y volver a las alegrías de los grandes momentos. Hoy todavía deben acostumbrarse a una larga vigilia de su interminable sequía de títulos.

Por Darío Abelardo Cárdenas

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