13 de Julio, 2012 | Desde mi biblioteca
El guardián de los recuerdos: Encuentros y afectos en un tiempo que se fue
Comencemos con la tapa de nueva excelente novela de Susana Gertopán (Asunción, 1956). Se trata de una antigua casona que está ubicada en las cercanías del puerto de Asunción. Traduce con enorme exactitud el tono nostálgico y melancólico de un tiempo definitivamente perdido, el eje de El guardián de los recuerdos. (Servilibro, 2012).

Me comentaba la autora en una entrevista en Radio Caritas 680AM el jueves 5 dicha casona pertenece a la familia del señor Vicente Mayor. Allí habitan unos espectros de almas que alguna vez buscaron en sus baldosas, era un Salón de Baile en la novela, algo parecido a la felicidad, a la compañía ante tanta soledad.
“El tiempo de los sentimientos está lejos del que nos muestra el calendario. Uno no tiene relación con el otro, el real tiene un reloj en el bolsillo y el otro en el alma” dice uno de los personajes de El guardián de los recuerdos.
La novela transcurre en la Asunción de los años treinta. Hasta esta aldeana ciudad llega un austriaco, Karl Berttolich. Es un fugitivo de una Europa que está a punto de incendiarse con la Segunda Guerra Mundial. Hombre culto, amante del baile y de los salones de su añorada Viena, al bajarse en el Puerto de Asunción se encuentra con dos prostitutas que esperan a viajeros. El no tiene adónde ir y entonces ellas le guían hasta una casa de citas cercana administrada por una mujer ya entrada en años, Madame Rita, que también se había llegado de Europa años atrás. En el fondo son dos desterrados que viven de sueños ya definitivamente idos, dos sobrevivientes, en el caso de Madame Rita, una de sus heridas además es un gran amor de ayer.
Como Karl no tenía donde alojarse y venía con poco dinero, Madame Rita le ofrece un espacio en el prostíbulo hasta que consiga algún trabajo. En esas idas y venidas, llega hasta ese caserón abandonado que en realidad pertenece a Madame Rita pero al cual ella, por motivos que se irán desentrañando ya no quiere habitar otra vez. Karl consigue que se lo alquile lo vuelve un Salón de Baile, limpiando con extremo cuidado todas y cada una de las baldosas, le retorna vida al caserón.
Es entonces cuando se llegan hasta sus bailes solitarios y parejas que buscan algún tipo de alegría. Son de antología los personajes de dos hermanas solteronas, de un comerciante judío, de un voyeur y de una de las prostitutas que también se llega cada tanto, enamorada de Karl.

Estremecen las palabras, el espíritu y el ambiente que va creando Susana Gertopán. Es como sentirse acariciado por alguna de esas fotos que ya adquirieron el color sepia del pasado, como disfrutar de una melodiosa canción que nos revive un tiempo que se niega a abandonarnos en su memoria de lo que amamos, aunque ese implacable transcurrir de los días, los meses y los años, nos transmitan la inevitable tristeza de todo final.
* Susana Gertopán, escritora.
Esta magnífica nueva novela de la autora de El nombre prestado, El equilibrista o de El callejón oscuro encuentra en este pasaje un resumen del trasiego de esas almas de seres que buscan algo que sea un oasis ante la sequedad existencial: “ Las baldosas azules eran un pequeña isla que sobrevivía bajo un techo de esperanzas, de música, de personas solitarias, como también de otras, acompañadas. Aquí nadie preguntaba por la vida del otro, a nadie le interesaba más que su propia existencia.”
Carlos Martini
Sociólogo y periodista