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23 de Septiembre, 2011 | Desde mi biblioteca

El EPP o la revolución a destiempo

El triunfo de la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959 encendió en varios países de América Latina y el Caribe una convicción: una revolución podía triunfar incluso en una zona de influencia de los EE.UU. Sectores juveniles, principalmente de clase media, estudiantes, profesionales , intelectuales y, en menor medida, obreros y campesinos consideraron la vía armada revolucionaria no sólo como un horizonte cercano sino una estrategia viable frente al capitalismo.

La gesta encabezada por Fidel Castro abrió distintas modalidades organizativas guerrilleras, varias de las cuales siguieron la línea que simbolizó en los sesenta Ernesto Che Guevara, guerrillero de origen argentino que estuvo junto a Castro y que posteriormente decidió crear focos guerrilleros, uno de ellos en Bolivia, donde lo mataron en octubre de 1967.

Pero la metodología había prendido. En esos años sesenta, los de la guerra de Vietnam, de las rebeliones estudiantiles, del movimiento hippie, de la liberación de las costumbres, en esta parte del mundo, proliferaron movimientos que fueron desde las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), los montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo en Argentina, los Tupamaros en Uruguay, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en Chile y en los setenta volverían a ganar fuerza los sandinistas en Nicaragua (quienes tomarían el poder en 1979) o el Frente Farabundo Martí en El Salvador.

Es decir, en los sesenta y ya en menor medida en los setenta, el contexto de la guerra fría, esto es, el capitalismo versus el comunismo, estaba en  su apogeo, el modelo cubano todavía gozaba de cierto halo de prestigio y de ilusiones del surgimiento de un hombre nuevo liberado de la explotación del capital, Vietnam  había derrotado al imperio estadounidense y por lo tanto, la revolución parecía un sueño que se podría hacer realidad.

Pero las dictaduras de extrema derecha en gran parte del continente, con su elevada cuota de asesinatos, desaparecidos y torturados revalorizaron también en la mayor parte de la izquierda el valor de la democracia, que antes se despreciaba por burguesa. Además, la inmensa mayor parte de esos movimientos insurgentes habían sido aniquilados por el terrorismo de Estado  sin que las masas se les sumaran en apoyo. Como si fuera poco desapareció la URSS y en forma gradual los ex guerrilleros que todavía mantenían sus principios socialistas se fueron sumando a la dinámica de la democracia electoral formando partidos o sumándose a otros ya existentes.

Hoy, a comienzos del siglo veintiuno salvo alguna rémora de las FARC y embates sin fuerza de Sendero Luminoso en Perú, las izquierdas fuertes están dentro del juego democrático.

No hay apoyo internacional alguno a iniciativas armadas guerrilleras, no se cuentan con las mínimas simpatías en universidades, ni en fábricas ni entre los campesinos en general. Cuba ya no cuenta para nada como actor de peso.

Por lo expuesto, el caso del Ejército Paraguayo del Pueblo en Concepción y parte de San Pedro, entra dentro de lo que se puede llamar la revolución a destiempo, que huele a naftalina, sin ninguna referencia de sostén nacional ni internacional relevante.

Marginales de sueños pasados que hoy podrían llegar a acuerdos con narcotraficantes. Allí en todo caso podría estar la alarma real. En lo demás,, podrán atentar alguna que otra vez, matar, destruir, secuestrar cada tanto pero no consolidarse como opción de poder.

Razón de más para afinar las estrategias de inteligencia y acoso para derrotar  dentro del marco del Estado de Derecho a este grupo que confunde la realidad con sus deseos de un supuesto pueblo al que dicen representar.

Y como fondo, no olvidar que en la medida en que la miseria, la pobreza extendida, la ostentación de riqueza de pocos, el egoísmo de los privilegiados, el desempleo y el subempleo persistan, siempre está latente que intentos como los del EPP prendan en la frustración y la desesperanza.

 

Carlos Martini

Sociólogo. Periodista. Docente.

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