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20 de Junio, 2012 | La Opinión de Mariano Nin

El día en que el campo estalló

El clima era tenso. Unas cien familias habían ocupado una estancia del ex senador Blas N. Riquelme, en Curuguaty, distrito de Ybyrá Pytá, a 380 kilómetros de Asunción.

Las versiones eran contradictorias, pero quien podría sospecharlo?

Los campesinos son pacíficos, así los conocemos. Su inocencia, quizás por la falta de educación y la pobreza en la que viven, los convierte en presa de manipulación de los grupos de poder, de uno u otro lado.

Nada hacía suponer que se desencadenaría el horror. Una tragedia que enlutaría a todo el país.

La invasión había sido apoyada por los Carperos, una organización de campesinos "sin tierras" allegada a estrechos colaboradores del presidente Fernando Lugo.

Hombres combativos, en casos intransigentes y violentos.

Marcaron su lucha entre noviembre y marzo pasado cuando ocuparon violentamente plantaciones de soja del Alto Paraná, grandes extensiones monopolizadas por "brasiguayos", ricos agricultores brasileños instalados en la zona más fértil del país desde hace 40 años.   

Más de 200 policías llegaron en la mañana de ese viernes para desalojarlos.

Un grupo de uniformados se adelantó. Dicen que querían persuadirlos de que debían abandonar el lugar por las buenas.

Pero ese día el campo estalló.

Los estaban esperando. Al todo o nada. A vencer o morir.

El resultado fue luto. Desesperanza. Tristeza.

Según un documento de la Comisión Verdad y Justicia durante sus 35 años en el poder Alfredo Stroessner entregó casi siete millones de hectáreas de manera irregular a personas allegadas al régimen, lo que se acerca a casi al 19% de la superficie de todo el país.

Así, en manos de menos del 7% quedaron concentradas más del 80% de las tierras en nuestro país. Una premisa fácil para entender el conflicto, no así la violencia.

Creo que la culpa es tanto del que roba, dejando sin tierras a miles de familias, postergando su salud, su educación y hasta su dignidad, como del político que se abandera de esa situación para sacar crédito de la miseria ajena, o de quienes toman las armas para reclamar un derecho arrebatado.

La violencia nunca es el camino, la historia de la humanidad así lo ha demostrado. El luto posterga nuestra esperanza, nos roba la sonrisa y nos deja el sinsabor de las cosas inútiles.

Ninguna muerte reivindica la lucha. Ninguna muerte justifica una ideología.

Siempre fue igual. Los que hacen la guerra matan a los pobres y los pobres pasan al olvido. Sean campesinos o policías. Esa es la realidad de una realidad que duele.

Y la reforma agraria… debería darle un sentido.

 

Mariano Nin
Director de Prensa de Canal 13

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