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23 de Agosto, 2010 | El Análisis de Dario Abelardo Cárdenas

El clásico tuvo de todo para gustar

Los condimentos del clásico fueron muchos y muy variados para terminar siendo un partido atractivo y emotivo. Las asimetrías concurrentes eran tantas con relación a uno y otro equipo que, no importan los caminos, toda vez que lleven a un buen resultado, las estrategias son considerables. El resultado es justo por esa razón y habrá que ver quién resultó más perjudicado. Sin dudas que por las connotaciones, el empate es buen negocio ante una derrota en el partido más importante del campeonato.

Olimpia explotó con gran acierto primero sus virtudes, y después las limitaciones del rival, que pasaron por algo que no salió a relucir en el clásico, sino que ya venía arrastrando desde el inicio del campeonato, reconocido por Torrente como un problema estructural. Es decir, que el juego aéreo y las pelotas paradas, fueron un infierno que supo equilibrar con el mejor juego exhibido durante gran parte del partido, y mucho mejor explotado cuando se quedó con un hombre más en el segundo tiempo. Los dos goles del Tanque Ferreira, fueron producto de la coincidencia de lo dicho anteriormente. Y cuando Cerro se dio cuenta, ya perdía por dos a cero, y las cachetadas seguidas, en menos de cinco minutos, le costó asimilar, pero lo hizo recobrando la memoria futbolística, para dejar en evidencia los problemas de este Olimpia de Cubilla, que no transformó la diferencia en una ventaja cómoda, porque no tiene la estructura para defenderse con la pelota.

El retorno al segundo tiempo encuentra a Cerro llegando al gol casi con el pitido inicial, y eso le abrió un camino ancho hacia la esperada recuperación, explotando la zona defensiva más débil del franjeado que era por el sector de Orué, a cuyas espaldas, el juvenil Torres se hizo un festín. Al evidente manejo futbolístico y emocional del partido por parte de los azulgranas, el punto de inflexión que vuelca casi groseramente las cosas a favor de Cerro fue la expulsión de Juan Carlos Ferreyra, quien se somete a la incitación de Piris, le larga una patada y se va expulsado.

A partir de allí, las cosas se vistieron de azul y grana. La sensación que flotaba era que el empate llegaba en cualquier momento, y vino de un zapatazo de Jorge Nuñez, haciendo un gol de tiro libre de otra galaxia, que nadie lo hubiera podido atajar por la perfección del disparo. Pero Cerro no pudo remontar definitivamente el juego, ganándolo, porque casi era lo lógico por la forma en que se vivieron los minutos finales. Sin embargo, si algo va a conseguir Olimpia con Cubilla es un ordenamiento táctico, y una coherencia con relación a lo que hay que hacer de acuerdo a las circunstancias particulares de cada partido.

En el glosario de lamentaciones que terminan siendo excusas, está el error del línea Milciades Saldivar, quien sancionó una posición fuera de juego a Luis Caballero, quien casi con seguridad hubiera conseguido el tercer gol, con lo que el clásico hubiera estado sentenciado. Fue un error grave, por lo que hubiera significado el 3 a 0. Pero, analizando el partido dentro de un contexto más amplio, debemos decir que Cerro Porteño jugó mejor, ayudado también por las circunstancias del juego.

Para los azulgranas es un freno a sus aspiraciones de seguir escolta a un punto. Para Olimpia es romper una racha de cuatro derrotas consecutivas, que deberá ratificar con victorias seguidas, a efectos de arrancar hacia una esperanza que se inicia con la nueva era Cubilla.

Por DARIO ABELARDO CARDENAS

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