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09 de Septiembre, 2011 | Desde mi biblioteca

Dalia después de la pesadilla o las páginas de la vida

Fue una conversación que no duró más de 15 segundos. Ocurrió en el 2008 en una de las emisiones del programa Domingos Contigo en Cardinal Romance. Estábamos emitiendo al aire la canción Yo renaceré en la versión de José Luís Rodríguez. En ese momento, llama una señora. Apenas me dio tiempo a saludarla. Su mensaje fue contundente: “Martini, ese tema es para mí, lo sé. Esta semana me diagnosticaron cáncer de mama. Y yo sé que sobreviviré.” Y allí cortó la comunicación. Se la notaba emocionada, trasuntaba el espíritu asustado pero al mismo tiempo, deseoso de ofrecer una batalla sin cuartel a la enfermedad. Su vida tenía un sentido extremo: derrotar con fe al cáncer.

Me acordaba de aquella señora, que no me dijo su nombre, el miércoles 7 cuando Dalia Scappini, al terminar la misa en el Perpetuo Socorro apuntaba que estaba con toda la fuerza para superar este trance posterior al secuestro y dispuesta a dar vuelta la página. 

Los embates muy duros a que nos somete la aventura de vivir y que nos hace  finalmente humanos al mostrarnos que más allá de la soberbia o la omnipotencia que como actitudes repetitivas nos acompañan, no dejamos de ser seres frágiles y limitados, pasajeros de un breve viaje que es nuestra existencia.

En el film Paris Texas, dirigido por el alemán Win Wenders en 1984 se muestra a un hombre que había perdido toda la memoria saliendo del desierto. Su nombre era Travis. Perdido, desorientado, desolado, buscaba algo, o mejor a alguien, a la única mujer que había amado. El film es un emocionando recorrido de las vicisitudes de un hombre que desde la adversidad de la catástrofe, cree, que hay alguien que le espera. Con Harry Dean Stanton y Natassia Kinski, esa película es una expresión elocuente de lo que pasa cuando se cree en el horizonte futuro para superar los trances de pesadilla.

Al respecto es siempre más que recomendable en estos tiempos de turbulencias afectivas volver al siquiatra austriaco Víctor Frankl (1905-1997). Entre 1942 y 1945, junto a parte de su familia sobrevivió en varios campos de concentración nazis, entre ellos los siniestros Auschwitz y Dachau. Producto de esas experiencias límites creo toda una escuela, la logoterapia, que revela lo central que es, ante las tormentas de la vida, aferrarse a algún sentido.

Justamente, el año en que fue liberado escribió El sentido de la vida, que recomendamos especialmente a todos los que atraviesan pruebas de extrema tensión. Su planteamiento es que habitualmente nuestro itinerario existencial es apenas un circuito vacío sin brújula. Vivimos sin creencias fuertes. A él le ayudó enormemente su fe religiosa. Pero pueden ser otras creencias,  en ideales superiores de solidaridad y compromiso. En lo que sea, pero el sinsentido es lo que termina volviéndonos papeles al viento. Algún sentido tenemos que encontrar para seguir peleando día a día. Creyentes o agnósticos, alguna brújula nos tendría que acompañar. Cada uno elegirá la que crea conveniente.

De allí lo interesante de la reflexión de Dalia: su fe católica como sentido existencial, y su clara visión que este tránsito en la tierra es en gran medida ir pasando páginas.

 

Carlos Martini

Sociólogo. Periodista. Docente.

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