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06 de Septiembre, 2011 | Caminito al costado del mundo

Comparaciones inevitables

Dicen que las comparaciones son odiosas, aunque en algunos casos, muy necesarias. El periodismo de nuestro país está pasando por un momento realmente caótico, preocupante y porque no decirlo, vergonzante. Por estos motivos – además de autocrítica – me permito realizar esta analogía, como reclamo de un ciudadano.

En el Paraguay en general la preparación de los profesionales que ejercemos este oficio es muy pobre. El tratamiento de las noticias está teñido de un amarillismo y sensacionalismo barato. Solamente si las notas están manchadas con sangre, mucha sangre, el informe está completo. La falta absoluta de rigor en el manejo de la información es una constante. Las preguntas desatinadas e inoportunas se multiplican. Lo peor, los propios trabajadores en los medios estamos, aparentemente, conformes con cumplir este triste papel.

Casos tan dramáticos y que tienen una resonancia mediática como el secuestro y liberación de Dalia Scappini desnudan de forma clara estos vicios citados anteriormente. Conociendo la dura realidad que viven los seres queridos, más aún cuando este delito ya es muy conocido en nuestra sociedad, es imperdonable que no se tomen los recaudos para que el manejo de la información esté marcado por la cordura, la mesura y el buen gusto.

Durante todo el desarrollo del plagio se pidió a los medios que manejen de forma prudente las noticias. Las tapas de los principales diarios “serios” del país fueron en sentido totalmente contrario. Desde la afirmación que la policía ya tenía la identidad de los presuntos captores, hasta anunciar que las negociaciones – privadas – entre la familia y los malvivientes estaban bien encaminadas, fueron temas de los grandes titulares con los que cubrían el hecho. Los códigos de ética firmados y el compromiso por colaborar con el rescate con vida de la secuestrada no fueron contemplados en ningún momento. Cuando se pidió que se despeje la casa de la familia Scappini, una “letradeada” de los muchachos fue ubicarse “respetuosamente” a una cuadra del sitio, informando la entrega de periódicos, y la cantidad de basura que sacaban por día.

En el instante de mayor alegría por la liberación de Dalia, lo peor no se hizo esperar. En la cobertura de la prensa se observó todo la gama de esas actuaciones lamentables que tanto duelen. Recomendaciones a los investigadores policiales, preguntas ridículas, intromisiones innecesarias, exigencia de una conversación exclusiva con la afectada, análisis de todo tipo de especulaciones irresponsables, marcaron la jornada. Obviamente la pelea por la primicia fue dura. Los perdedores fuimos los espectadores que únicamente queríamos informarnos, participando de este hecho satisfactorio. No queríamos ser víctimas de una batalla ridícula por un punto de rating, que solamente afecta a los intereses empresariales de los medios y al sobrevaluado ego de los protagonistas mediáticos.

En contrapartida, una tragedia conmovió nuevamente al pueblo chileno. En esta ocasión fue el colapso de una aeronave que cayó al mar con 21 personas a bordo. Entre ellas se encontraba todo un equipo periodístico de Televisión Nacional de Chile con la principal figura del momento, Felipe Camiroaga. Todos estos, fueron declarados muertos y la mayoría de los cuerpos siguen siendo buscados en las aguas hostiles del Océano Pacífico.

Al mirar impávidos tanto dolor expresado por los hermanos del país trasandino nos sorprendió el trato humano, profesional y digno de los presentadores de la cadena televisiva que supieron conjugar seriedad y decencia en medio de tanto sufrimiento. El programa “Buenos días a todos” que perdió a sus integrantes, inició su programación del lunes sin lágrimas ni discursos sensibleros. Saludaron a los fallecidos, recordando lo mejor de ellos, con un cerrado aplauso.

No es la primera vez que Chile nos demuestra esta conducta. Pasó el terremoto y maremoto que devastó gran parte del país. Presenciaron la lucha por la vida de los 33 mineros. En esta oportunidad lamentan un accidente aéreo sin precedentes. En las coberturas, la honestidad y seriedad marcó presencia.

Es cierto, comparar es odioso. No queremos buscar excusas ni inventar circunstancias para elaborar una realidad desfavorable, con el ánimo de desacreditar la actuación de los colegas. Simplemente nos limitamos a mirar y pensar que si en otras sociedades se puede conservar la dignidad en todo momento, en Paraguay, también esto es posible. Ayudará, mucho más de lo que creemos, si los ciudadanos analizamos profundamente esta conducta periodística y nos manifestamos en contra. Estoy seguro que así, con una disconformidad social mayor, se podrá rectificar el rumbo. De lo contrario, solamente seguiremos disfrutando de un periodismo sensato en las señales internacionales.

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