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06 de Junio, 2010 | /opinions/list

Chile: Hasta que el desamor nos separe

El amor que parecían compartir los personajes de Leonardo Di Caprio y Kate Winslet en Titanic (James Cameron, 1997) se proyectaba para siempre si la tragedia no lo hubiera cortado. Es una de las emociones más fuertes que transmite aquella película que obtuvo 11 premios Oscar. Pero, quizás si esa pareja que rememora el hundimiento del buque del mismo nombre en 1912 viviera hoy en Chile, el final sería distinto. Los divorcios superan por primera vez a los matrimonios.

De acuerdo a cifras del Poder Judicial en el 2009, las uniones legales ascendieron a 57.836. Los divorcios llegaron a 63.021. Han pasado apenas cinco años desde que se aprobara la ley del divorcio en el país trasandino y en forma pareja, hombres y mujeres, están pidiendo el divorcio en edades comprendidas principalmente entre los 35 y 42 años. La infidelidad aparece en primer lugar entre las razones: para 6 de cada 10 chilenos es la causa fundamental de la ruptura.

El matrimonio dejó de ser para toda la vida. Es una tendencia internacional.  Responde a un cambio social profundo. “Hay una sensación de que somos individuos primero que nada y que como tales tenemos proyectos de vida. Que parte de esa vida es en pareja, pero que nuestra vida no se acaba ahí. La centralidad de lo que era la relación de pareja cambió” señala Marcela Ríos, investigadora del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (ONU). Francisca Márquez, decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Alberto Hurtado de Chile agrega que un divorcio “ya no se piensa que es el fracaso de la vida, ya no se buscan culpabilidades. Como sociedad nos estamos adaptando a que cada uno puede rehacer su vida, que los hijos pueden ser saludables con papás separados.” (La Tercera, Santiago, 5 de junio de 2010). Se está reforzando, y no sólo en Chile, el tipo de familia formado por hogares monoparentales (un solo jefe de familia) o reconstituidos (los tuyos, los míos y los nuestros).

Desde Europa a Estados Unidos pasando por América Latina este fenómeno de la caída en la nupcialidad mientras aumentan las uniones de hecho, los nacimientos fuera del matrimonio, la reducción de la fecundidad, el incremento de la soltería forma un conjunto que puede ser definido como propio del tiempo del individualismo, las gratificaciones  inmediatas, el placer como un valor elevado y la vida como una apuesta por el aquí y el ahora, sin demasiados proyectos que requieran de compromisos duraderos.

Es lo que desde hace años viene sosteniendo el sociólogo polaco Zigmut Bauman (1925), reciente ganador con el francés Alain Touraine del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación, cuando caracteriza al presente como un mundo líquido. Todo es fluido, pasajero, poco solido, efímero, desechable y descartable.

Carlos Martini. Sociólogo. Docente. Periodista.

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