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05 de Diciembre, 2011 | Caminito al costado del mundo

Ceguera e inoperancia matan al fútbol

Hace tiempo la violencia se ha instalado en nuestra sociedad y ha elegido al fútbol como uno de sus escenarios viables para mimetizarse y causar estragos. Lo sucedido este domingo, en el Defensores del Chaco durante el partido Cerro Porteño – Libertad es otro de los capítulos de esta historia que está plagada de ineptitudes y medias verdades, en donde los culpables reales ocultan la cara.

La semana pasada se reunieron los principales exponentes de la seguridad con los dirigentes del fútbol para recordar que existe una ley vigente en donde se establecen algunas normas con el objetivo de ahuyentar este flagelo de los escenarios deportivos. Muchas de ellas eran ridículas, ya que impedían incluso que los hinchas lleven casacas o distintivos de sus equipos, cuando que el origen de la violencia no está en esas prácticas, sino en la permisividad de las autoridades del deporte.

Indagando a fondo el asunto, consultamos al fiscal encargado de los operativos de seguridad, Blas Imas ¿cómo se podría eliminar la violencia cuando se sentaba a negociar con los principales financistas de las barras bravas? El agente del Ministerio Público luego de eludir varias veces la consulta, se limitó a asegurar que se hasta ahora se sentía solo; y que la asunción del nuevo Fiscal General Javier Díaz Verón le daba un nuevo respaldo a su gestión. Horas después de estas declaraciones, otro partido, el quinto de este torneo Clausura, era suspendido por incidentes graves.

Las condiciones en las cuales se origina y desarrolla la violencia en el Paraguay son muy conocidas. No es despreciable recordar que la pobreza, ya sea económica y cultural, de las personas en nuestro país derivan en actos vandálicos que tienen al fútbol como excusa favorita. El fenómeno no es exclusivo de este deporte, está instalado en otros sectores aunque la visibilidad mediática que obtiene cada fin de semana es motivo de mayor preocupación y despliegue en la prensa.

Es impensable comenzar a esbozar alguna solución cuando la propia dirigencia deportiva es la principal responsable. Porque solamente se preocupa por mantener los intereses político-económicos que rodean a este negocio deportivo que es el fútbol. De esa manera se entiende que las hinchadas históricamente hayan tenido un respaldo de las directivas de los clubes. En el peor de los casos, no hay antecedentes de sanciones internas en las entidades por los daños que causas sus seguidores en los estadios deportivos. Para colmo de males, ahora no se conforman con respaldar política y económicamente a los violentos, sino que destruyen el sentido común y ante un caso de violencia, deciden que lo importante es un resultado deportivo y no sancionan a los culpables, solo limitan el acceso de los inocentes a los estadios.

Los organismos de seguridad también tienen parte de su culpabilidad. Intentan aplicar normas que no atacan al fondo del problema, sino que se quedan en las simples prohibiciones que generan el descontento de los seguidores que se ven cada vez más coartados en sus deseos de participar de un espectáculo. A la cancha está prohibido llevar tereré, cinto, encendedor, casaca de tu club. Mientras, los operativos policiales hacen la vista gorda a los inadaptados que ingieren libremente bebidas en las esquinas de las canchas y en el desarrollo de los encuentros son los más atentos seguidores del trámite del juego, cuando su función es velar por la seguridad del espectáculo.

Otra parte de la responsabilidad la tienen los fanáticos cegados, quienes pretenden limitar estos hechos al plano futbolístico exclusivamente. Cuando la violencia marca presencia, no existen colores ni enseñas que nos dividan. Todos caemos bajo la dictadura de los marginales, quienes aprovechan un descuido para irrumpir en los estadios y matar lentamente uno de los pocos motivos de satisfacción de los paraguayos.

El fútbol, siempre dijimos, es un termómetro que puede demostrar claramente el grado de perversión social en el que estamos viviendo. Con sucesos deplorables, avalados por la dirigencia, con la inoperancia policial de por medio y con la ceguera de fanáticos, seguiremos llorando el dolor y empezaremos a sumar muertes. Siempre y cuando nos demos cuenta que nunca es tarde para empezar a rectificar rumbos.

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