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30 de Marzo, 2012 | Desde mi biblioteca

Carpe Diem: El ser humano a la interperie en Saul Bellow

El jueves 5 de abril se cumplen siete años del fallecimiento de Saul Bellow, escritor estadounidense nacido en 1905, Premio Nobel de literatura en 1976. Publicó sus grandes obras en la segunda mitad del siglo pasado. En varias de sus novelas se refleja una humanidad perdida, en recodos límites, personas desorientadas en encrucijadas cuando parece que nada les salva del naufragio.

En los tiempos que corren, de inseguridad, desempleo, precariedad afectiva, incertidumbres angustiosas sobre el futuro, la figura de Bellow adquiere notable actualidad.

En esta columna queremos referirnos a una de sus novelas cortas, Carpe diem, publicada en 1956 y dónde se pueden percibir ecos del escritor checo Franz Kafka, por la ansiedad y absurdo de situaciones y personajes a la deriva. Judío al igual queKafka, los personajes de Bellow se mueven en laberintos espirituales  que vuelven al ser humano prisionero sin salidas aparentes. Asínos recuerda a El castillo o El proceso del atormentado mundo kafkiano.

 

En Carpe Diem, Tommy Wilhelm es el ejemplo perfecto del perdedor al borde del precipicio existencial.  Actor frustrado, está desempleado, trabajaba en una empresa de la cual él dice que renunció cuando no lo promovieron a la gerencia. Separado de su mujer, la cual le niega el divorcio y le exige dinero en forma permanente para sus dos hijos, malvive en un hotel para jubilados donde está alojado su padre, el cual lo desprecia sin intentar disimular. Le quedan apenas 700 dólares y en su desesperación, al conocer a un extravagante personaje de apellido Tamkin, cuya profesión nunca queda clara, en realidad un estafador, éste le convence para invertir en la Bolsa en acciones de manteca de cerdo, asegurándole que las acciones de este rubro van a subir.

 

Acosado por estos vericuetos  patéticos que no podían sino conducirlo al precipicio, Wilhem se mira a sí mismo y se reconoce sin medias tintas como un completo fracaso.

 

“Después de largas reflexiones, al cabo de múltiples debates y vacilaciones, siempre acababa tomando el que había rechazado innumerables veces. Un puñado de decisiones así constituían la historia de su vida. Había decidido que sería un grave error ir a Hollywood, y entonces fue. Había decidido no casarse con su mujer, pero luego contrajo matrimonio con ella. Había decidido no invertir dinero con Tamkin, y después le había entregado un cheque.”

 

Autor de obras maestras como Hombre en suspenso (1944) o Herzog (1964), Bellow es un clásico porque más allá del paso del tiempo nos sigue interpelando en nuestros momentos más difíciles, cuando parece que detrás de una puerta sólo se encuentra una habitación cerrada, en instantes en que la propia vida parece entrar en un torbellino infernal. Nos retrata como seres humanos.

 

 

Carlos Martini

Sociólogo y periodista.

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