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07 de Noviembre, 2010 | /opinions/list

Brasil y EEUU: El voto bolsillo

Un hilo conductor común cruza los triunfos electorales del Partido de los Trabajadores (PT) y del Republicano, en Brasil y EEUU respectivamente. Más allá de las distancias ideológicas, la izquierda moderada brasileña y la derecha estadounidense, en este último caso con fuerte avance de los ultraconservadores, capitalizaron el mismo eje que mueve a los votantes en gran parte del planeta: su situación económica real, la del día a día.

En el caso de los comicios brasileños del 31 de octubre, Dilma Rousseff, casi desconocida hasta hace doce meses, arrasó con el 56% de los votos sostenida por la popularidad sin precedentes de Lula Da Silva.

En política, como en el fútbol, los resultados mandan: durante la era Lula, entre el 2003 y el 2010, casi 30 millones de brasileños dejaron la pobreza, se crearon 15 millones de puestos de trabajo y la clase media, por primera vez en la historia brasileña, ya es alrededor del 50% de la población. El elector votó desde el bolsillo.

En EEUU, en los comicios legislativos y para gobernadores del martes 2 de noviembre, los votantes hicieron otro tanto, elegir desde su humor social, marcado por la situación económica. Sólo que el malestar es el que prevalece en EEUU.

Nada menos que 1 de cada 10 trabajadores está en el desempleo y millones de personas han perdido sus casas como producto de la descomunal crisis especulativa e inmobiliaria que se inició en el 2007 y cuyas secuelas se hacen sentir todavía. Los republicanos se hicieron con la mayoría de la Cámara de Representantes, ganaron una buena parte de las gobernaciones en juego y aunque los demócratas mantuvieron la mayoría en el Senado, el presidente Barack Obama tendrá que hacer arduas negociaciones para su gestión legislativa en los dos años que le quedan de mandato, en los cuales necesitará logros relevantes para el estadounidense medio de cara a la lucha por su reelección en el 2012.

Estas dos citas electorales mostraron que los temas que vertebran el comportamiento electoral no tienen mucho que ver con debates ideológicos o programáticos, tampoco con la política exterior ni basta tampoco el carisma de los líderes.

El elector se ha vuelto cada vez más pragmático, volátil y cambiante en cuanto a sus adhesiones. Por supuesto que permanecen los llamados votos duros y cautivos. Pero no son los que definen unas elecciones.

La sociología política distingue dos tipos de legitimidades, esto es, factores que otorgan adhesión en un sistema político democrático. La primera es la de origen, que remite a la forma en que las autoridades fueron electas.  Aborda el origen de su autoridad, si las elecciones fueron transparentes, competitivas, limpias, libres y se desarrollaron en el marco de un Estado de Derecho. Es el punto de partida de cualquier orden democrático.

Pero es la segunda la que causa más dolores de cabeza a los poderes de turno: la llamada de resultados. En esta dimensión lo que cuenta es si ese sistema democrático está satisfaciendo necesidades básicas, como salud, alimentación, empleo, seguridad, vivienda, entre otros temas. Es en este terreno donde parece que se están jugando las elecciones de estos tiempos. Es el voto del bolsillo, de lo más elemental, que mide si la gente se siente mejor en sus condiciones de vida materiales.

En ese prosaico territorio es donde Lula aprobó y Obama, hasta ahora, no lo logró.

Carlos Martini
Sociólogo. Docente. Periodista.

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