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01 de Febrero, 2011 | El Análisis de Dario Abelardo Cárdenas

Barras bravas: La escoria del fútbol

El último episodio de la barra brava de Cerro Porteño en cancha de Luqueño, que determinó que el partido no comenzara, un encuentro esperado por todas las cosas previas que se vivieron y por ser el arranque del torneo para cerristas y aborígenes, nos encara de vuelta con esa realidad nunca erradicada, la escoria de las barras bravas.

Esta vez fue un piedrazo en la cabeza del arquero Pablo Aurrecochea, que le cortó el cuero cabelludo, pero que pudo haber tenido consecuencias irreparables. ¿Hasta cuándo vamos a soportar estos atropellos a nuestro deporte favorito? Está visto que los esfuerzos desperdigados no surten efectos. Hasta que todos los que componemos esta rara familia del fútbol no pongamos nuestro esfuerzo personal, firme y decididamente busquemos erradicar esta plaga que corroe todas las buenas intenciones de los que amamos este deporte, seguiremos soportando estos escándalos.

A ver. Las responsabilidades debemos distribuirlas equitativamente, justicieramente. En primer lugar, están las autoridades civiles, policías, fiscales y jueces, quienes no tienen la firmeza para apresar, imputar y condenar a los responsables de los desmanes. No es posible que un millar de hinchas, que son manejados por unos pocos maleantes, disfrazados de aficionados, no puedan ser identificados claramente. Es fácil si hay ganas de hacerlo. En otros países mucho más violentos, como Inglaterra, por ejemplo, se pudo hacer. Para ello, debe empezarse por los clubes, en donde definitivamente los dirigentes deben cortar las entradas de favor. Luego, impedirles como institución entrar en su club a los partidos oficiales y respaldar vigorosamente las investigaciones y las gestiones judiciales para que ningún violento quede impune.

Los propios aficionados que aman el fútbol son los primeros que deben erradicar de las gradas a estos indeseables. Reaccionar así como reaccionaron en el partido contra el Petare, donde todo el estadio les gritó al sector norte “hijo de p…”, cuando interrumpieron el juego con su estúpida actitud de pelearse por una posición o una bandera. Hay que denunciarlos a la Policía y no apañarlos por miedo. Cuanto más rápido se vayan de las canchas, más rápido volverá la buena gente, los buenos aficionados y su familia a sentarse tranquilos en sus asientos, sin temer que algún drogadicto o borracho, que ni siquiera paga su entrada, le apriete ante la pasividad de todos.

Este es el único país en donde la Policía mira el partido y no mira a las gradas para individualizar a los hinchas violentos. Dado que no se quiere invertir en tecnología para implementar las cámaras adecuadas para controlar la violencia, debería por lo menos la policía ser más diligentes en su trabajo de individualización y prevención.

Se dice que las leyes están para ser cumplidas. Aquí, lamentablemente nada de eso ocurre. Tenemos leyes deficientes y las pocas que existen se violan impúnemente. No existen castigos, porque la ley es imperfecta y porque nadie las hace cumplir. Los fiscales miden la temperatura del enfermo pero no recetan la medicina adecuada. Los jueces no aplican con severidad las penas, porque hasta es un problema para el Estado sumar un preso más a las superpobladas cárceles. Entonces, se convive con el peligro y la delincuencia.

La Asociación Paraguaya de Fútbol (APF) debe tomar cartas en el asunto y hacer lo que debe a través de sus organismos competentes, en coordinación con las autoridades naturales de este país. Debe propiciar la creación y promulgación de leyes más severas que se cumplan y que castiguen a los delincuentes del fútbol. En el Parlamento Nacional, como en todo el país, hay en su gran mayoría amantes del fútbol. Deben interiorizarse del problema y atacarlo con fuerza.

Existe un Ministerio del Deporte que también tiene que cargar con su cuota de responsabilidad. Su función primordial es promocionar los deportes, pero también es su deber velar para que las actividades se desarrollen normalmente. Debe salir de su cascarón político para erigirse en un ente regulador de las actividades deportivas en todos los órdenes.

Y quedamos nosotros, los  miembros de la prensa, cuya función es fundamental para despertar conciencias y formar opinión clara y honesta sobre estos problemas, dejando de lado la inmediatez de la información  y tomar posición clara e inclaudicable sobre estas cuestiones denunciando con fuerza y realizando un seguimiento en todos los estamentos necesarios para que se genere una atención sobre las  mismas y que no sea solamente tapa de los lunes, porque el escándalo vende.

Llevamos muchos años detrás del fútbol. Nuestra paciencia se agotó con relación a estos delincuentes comunes. Es hora de hacer algo que lave al fútbol de esta lacra.

Por Darío Abelardo Cárdenas

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