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24 de Septiembre, 2010 | Indicador económico y financiero

Ay Dionisio

La verdad no debe ser fácil ser ministro de Hacienda en éste o en cualquier otro país, porque como es el que reparte el dinero de la nación, todos los ministerios, secretarías e instituciones que dependen del Gobierno, presionan para tener más dinero pues piensan que al año siguiente el mundo colapsará si no tienen recursos para hacer sus cositas, o bien para no hacerlas, porque muchas veces pasa que esos que tanto lloraron diciendo que si se les restaba un centavo del monto asignado, la catástrofe iba a ser tal, que el futuro de la patria se iba a ver comprometido, no ejercen su presupuesto anual.

Y bueno, aquí no encontramos una excepción a estas circunstancias y el pasado lunes 20, el ministro de Hacienda, Dionisio Borda fue al Congreso a presentar el Proyecto de Ley de Presupuesto para el 2011 y ahí cual mago y prestidigitador, sacó de su chistera una iniciativa en donde propone que los excedentes financieros de entes públicos se usaran para comprar Bonos del Tesoro y así suplir esas deficiencias presupuestarias que año con año le quitan el sueño al señor Ministro.

Pero vamos a ver qué es un Bono del tesoro, pues no es otra cosa más que un documento o pagaré en donde alguien le da dinero al Gobierno y éste lo devuelve al cabo de un plazo que puede ser de uno a cuatro años por ejemplo y le pagan al que compró el bonito, o le prestó dinero al Gobierno sus respectivos intereses.

Hay que reconocer que el Estado paraguayo siempre ha sido buen pagador y no ha dejado de regresar el dinero y los intereses a los que compran sus bonos.

Sus mejores agentes colocadores eran los bancos, ellos compraban los bonos y se los vendían a los inversionistas interesados y al final del plazo de vencimiento, todos felices y contentos, porque el Gobierno pagaba sueldos con ese dinero y los clientes cobraban sus intereses y al final recibían su capital.

Pero resulta que en la última emisión de Bonos del Tesoro, los bancos le hicieron el fuchi a la emisión y pasó lo que todo vendedor teme, desde el chipero, el churero, el de la playa de autos, hasta Bill Gates con sus sistemas operativos, o sea, la mercadería no se vendió y ahí está Dionisio tronándose los dedos, porque le estira a la cobija y se le descubren los pies al Presupuesto Nacional, la lleva para abajo y no se tapa la cabeza.

Esto hace que se produzcan huecos presupuestales y que lo presentado en un principio al Congreso no se cumpla, entonces comienza un déficit, es decir se gasta más de lo que se tiene.

Por eso y para evitar esos sustos que no lo dejan dormir, Dionisio dijo “si tiene dinero de sobra, cómprenme mis bonos” y sus clientes “voluntarios” pueden ser la ANDE, la Copaco, Petropar –como si no le debiera hasta el sueño a PDVSA- o los puertos del Estado.

La idea fue recibida bien por unos y mal por otros, pues imagínense a la ANDE que no sabe de dónde sacar dinero para la construcción de la dichosa línea de transmisión que se ha anunciado desde hace tiempo y bueno ni siquiera tiene para adquirir transformadores que eviten los románticos apagones del verano.

O los puertos que año con año ven que el nivel de los ríos Paraguay y Paraná bajan y no se puede navegar por ellos y la Copaco, anda muy ocupada regalando chips de Vox como para comprar Bonos del Tesoro.

Una cosa que Dionisio no ha hecho es ofertar sus Bonos del Tesoro en el mercado de valores local, la verdad no es mala idea, pues así genera ahorro interno y permite que la oferta de sus Bonos se amplíe a muchas más personas que llevan años esperando una oferta con esas características, como sucede en muchos países del mundo.

Otra que tampoco se ha hecho es emitir los bonos para construir infraestructura, es una buena estrategia, porque si se hace una carretera, una nueva línea de transmisión o una modernización de los puertos, se activa la economía, se generan más empleos y la obra queda para beneficio del país.

Lo malo es que el dinero de los Bonos del Tesoro Básicamente se quiere usar para pagar sueldos.

Lo mejor sería realmente que el Estado paraguayo apueste por una reforma que lo lleve a la eficiencia, eliminando puestos de trabajo en donde muchas veces se duplican funciones, estimulando a sus empleados a capacitarse y a reeducarlos para enseñarles que ser funcionario público no significa tener una patente de corzo para los actos de corrupción (no digo que todos, pero muchos así piensan) o que llegar al puesto no significa hacer ciertas mañas con las compras y licitaciones, por ello es necesaria la transparencia en el sector público.

En fin, sé que no es fácil ser el señor que llega a la casa, pone la hogaza de pan sobre la mesa y le dice a sus hijos “este pedazo es para ti, este otro para ti y este es para ti”, pero sí sería bueno que el señor llegara y preguntara ¿Usted hijo, qué hizo hoy para ganarse su pedazo de pan?

Miguel Torres Velázquez

tovemi@gmail.com

Twitter @mitove

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