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01 de Septiembre, 2011 | Desde mi biblioteca

Apuntes sobre un país secuestrado

Paraguay está en un cruce de caminos me decía el ex ministro del Interior Rafael Filizzola, en Radio Caritas el jueves 1. Uno de esos caminos consiste en sostener el buen desempeño económico para lograr que un amplio sector de la población, hoy sobreviviendo entre la miseria, la pobreza, el subempleo, el desempleo o la precariedad educativa, se incluya en los beneficios de ese crecimiento. El otro es seguir con esas dolorosas heridas de la desigualdad social y que cristalicen dos países, el de los incluidos y el de los que miran la fiesta desde afuera.

Es el caldo de cultivo para la delincuencia, para la mano de obra barata  para el narcotráfico y para los secuestros.

Era una reflexión en el marco del secuestro de Dalia Scappini.  En otras palabras, sin negar la urgentísima necesidad de mejorar las estrategias de seguridad, inteligencia, prevención de delitos y fortalecimiento de las fuerzas de seguridad, si se sigue con el país secuestrado por la inequidad social, alimentada a su vez por la corrupción y la impunidad, lo que estamos construyendo es una atmósfera de más frustración y violencia.

En la misma línea de reflexión del ex ministro, el miércoles 31, en el Foro Empresarial denominado ‘A 200 años, un nuevo camino’,  Víctor González Acosta decía lo siguiente: “O repetimos la larga historia de desencuentros que nos llevaron a un círculo de pobreza y atraso o iniciamos un nuevo camino basado en la construcción de los acuerdos fundamentales que impulsen al país en la senda del desarrollo económico sostenible e inclusivo para todos sus ciudadanos” (Ultima Hora, 1 de setiembre de 2011).

En el Paraguay de hoy seguimos enamorados de ese atraso. Nada menos que 400.000 jóvenes no trabajan ni estudian. Este dato, ofrecido por la economista Verónica Serafini, Coordinadora General de la Unidad de Economía Social del Ministerio de Hacienda, habla por sí sólo del rostro sombrío del país que se está construyendo. “Hoy el mundo le está pidiendo a la economía ser lo suficientemente flexibles en los cambios tecnológicos, y los jóvenes son flexibles, sin embargo hay 400.000 jóvenes que no están estudiando ni están trabajando, esos son los jóvenes que van a reproducir la pobreza y la desigualdad en 10 a 15 años, porque son jóvenes que se casan, forman una familia, que vuelve a ser pobre.” (La Nación, 21 de agosto de 2011, p. 15).

El crack imparable en los grupos marginados no es sólo una cuestión de combatir a los microtraficantes sino erradicar las condiciones de extrema pobreza de quienes terminan prisioneros de esa adicción. Sin olvidar a los grandes narcotraficantes y sus lavadores que luego aparecen como grandes señores de la sociedad.

El secuestro de Dalia Scappini es un tema de seguridad interna y la impunidad de bandas criminales que ya forman parte de este clima de miedo constante ante asaltos, robos y asesinatos que se instaló en el país.  Y es útil recordar en estas circunstancias tan difíciles y angustiosas para la familia de Dalia que en más de un sentido, el Paraguay es hoy un país secuestrado por las lacras sociales de hirientes desigualdades, falta de oportunidades, inseguridad constante e impunidad galopante en el marco de antivalores que premian el enriquecimiento fácil, la ostentación de riqueza y el egoísmo social.

Es el país donde se sigue castigando la inteligencia y se ensalza  la banalidad y la mediocridad.

 

Carlos Martini
Sociólogo. Periodista. Docente.

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