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28 de Mayo, 2011 | /opinions/list

Apocalypse now o Sbrenica un 11 de julio de 1995

El coronel Kurtz ya está en la historia del cine como una de las mejores muestras de la locura de la guerra que rompe con todos los diques de humanidad.

En una de las interpretaciones más impactantes por su hondura sicológica, Marlon Brando logró dar vida a ese militar estadounidense envuelto en delirios criminales en una alejada zona de Vietnam, al cual las propias fuerzas estadounidenses buscan para eliminar. Es Apocalypse now, film estrenado en 1979, dirigido por Francis Ford Coppola. Se trata de una adaptación libre del libro Corazón de tinieblas (1902) de Joseph Conrad sobre las aberraciones de la colonización belga en el Congo.

La detención del  ex general serbobosnio Ratko Mladic el jueves 26 en una localidad al norte de Belgrado (Serbia), uno de los principales criminales de guerra que estaban siendo buscados, trae de vuelta a la memoria la que se considera la peor matanza en un conflicto desde la Segunda Guerra Mundial, la del enclave musulmán de Sbrenica (Bosnia), donde asesinó a sangre fría a 8.000 personas.

El coronel Kurtz y el exgeneral Mladic comparten la muerte como meta, el crimen como norma de sus existencias.

Recordemos los antecedentes. En el proceso de desintegración de la antigua Yugoslavia a principios de los noventa, se desataron varias guerras entre las nacionalidades que habían estado controladas bajo la dictadura comunista del Mariscal Tito. Así, serbios, croatas, serbios, musulmanes, bosnios protagonizaron años de guerra en plena Europa a finales del siglo veinte.

En ese contexto, en Bosnia, los musulmanes de la ciudad de Sbrenica estaban protegidos por cascos azules de la ONU de procedencia holandesa, ante las amenazas de los serbobosnios. Mladic era el comandante del Ejército serbio de Bosnia. Los musulmanes estaban desarmados, no eran un peligro. Entonces vino el horror.

“Sus hombres bombardearon durante cinco días Sbrenica… y chantajeó a los soldados holandeses (varios de los cuales habían sido tomados como rehenes). Lo que siguió luego compone una de las imágenes más turbadoras de la guerra balcánica. Un sonriente Mladic separó a los varones  de entre 12 y 77 años como “sospechosos de crímenes de guerra”. Dos días después fueron asesinados a tiros”. (El frío rostro de la limpieza étnica. El País, Madrid. Informe de I. Ferrer, 27 de mayo de 2011.)

En 1992, dirigió el cerco de Sarajevo, el más sangriento desde la Segunda Guerra Mundial, durante 43 meses, que costó la vida a 12.000 personas (el 85% civiles), entre ellos 1.500 niños.

Finalmente el sábado 28 la Justicia serbia autorizó su extradición a La Haya  para ser juzgado por el Tribunal Internacional. La captura de Mladic era una de las exigencias de la Unión Europea para avanzar en las negociaciones de cara al ingreso de Serbia a la misma. ¿Sabían las autoridades serbias donde estaba escondido Mladic y finalmente tuvieron que ceder por pragmatismo político?. En cualquiera de los casos, la figura de Mladic no es sino una ayuda a la frágil memoria humana acerca de que las guerras no son parte de un lejano pasado. Esto ocurría en Europa hace menos de veinte años y sigue pasando en demasiados territorios del planeta.


 

Carlos Martini
Sociólogo. Periodista. Docente

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