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11 de Mayo, 2012 | Desde mi biblioteca

Amores insípidos, pasiones dietéticas

El vuelo se presentaba tranquilo en aquella mañana de junio. El jumbo se deslizaba sin contratiempos entre Los Angeles y Nueva York. Lia Hamilton (Jacqueline Bisset) estaba sentada al lado de un ejecutivo atractivo de mediana edad. Miradas que van, guiños que vienen, solitarios a 10.000 pies de altura. Pocos minutos pasaron hasta que los dos se encontraran haciendo el amor en el reducido espacio de uno de los baños del avión. Nunca olvide la escena del rostro arrebatado de la Bissetcuando llegaba al orgasmo al mismo tiempo que el tren de aterrizaje se abría para dejar salir las ruedas minutos antes del aterrizaje.

Lo que se abría en el baño era mucho más delicioso. Ya en el aeropuerto paso lo que paso. El hombre que le dijo que era soltero la presentó a la esposa e hijos y ella se quedó con la mirada perdida y la memoria de una piel ardiendo dentro de su cuerpo. Es la escena que más me impacto de Ricas y famosas (George Cukor, 1981) que tuvo como protagonistas a Candice Bergen y Jacqueline Bisset.

Muchos años después me encontré con Julia, de 36 años, buena esposa, con una hija y un marido solícito aunque el tamaño del sexo del hombre era muy pequeño. Un día Julia decide tomarse un tiempo sola y conoce a un gigoló llamado Romeo. En palabras de Julia, “Romeo no es un hombre con el que puedas estar quince años, Romeo es un hombre de paso, un hombre que puedes tomar prestado”. Eso sí, durante el tiempo compartido con Romeo, Julia sintió como nunca el placer de un hombre que entraba en su cuerpo por todos los espacios imaginables. Después Julia se queda sola, sin marido y sin amante. Pero son los avatares de la vida. Es parte del argumento de la novela Escape, de la holandesa 

Heleen Van Royen (Emece, Buenos Aires, 2006).

 

¿ Que tienen en común Lía y Julia en estos tiempos de amores insípidos, pasiones dietéticas, afectos líquidos que se derraman pronto (Zigmut Baumann) y emociones más desechables que un kleenex en el baño de un shopping? Ambas tomaron a su modo el riesgo de vivir en la cornisa, pegadas obsesivamente al precipicio. Y lo hicieron como mujeres que un fugaz instante  se encontraron que todo se evapora más rápido que una pompa de jabón.

 

Sin embargo, más allá de estas desesperadas búsquedas personales en medio de tanto vértigo, parece que en este siglo veintiuno algo late dentro de nuestra desorientada especie. 

 

Es como sin un fondo de pasiones anhelantes se enfrentara a tanta superficialidad vendible, a esta desmesurada hegemonía de la aceleración de nuestras vidas. De lo contrario, ¿cómo se explica que una historia de amor donde un hombre tarda más de 50 años en conquistar el corazón de una mujer, como El amor en los tiempos del cólera, novela del 

colombiano Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura 1982 siga siendo leído por persona de muy distintas edades?

 

Los pesimistas sabemos que el ser humano no tiene futuro promisorio alguno. Seguirá siendo el lobo del hombre. Pero mientras Lía, Julia o Florentino Ariza y Fermina Daza en la novela de García Márquez nos emocionen, algún rayito de esperanza late en este cosmos siniestro.

 

Carlos Martini

Sociólogo y periodista. 

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