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06 de Marzo, 2011 | /opinions/list

Al Qaeda y las masas árabes: caminos distantes

La sucesión de rebeliones en el mundo árabe está desmintiendo hasta ahora uno de los principales temores de la comunidad internacional; esto es, que el islamismo radical o, más específicamente aún, Al Qaeda pudiera resultar beneficiado. Nada de esto está ocurriendo. En los dos casos en que los regímenes fueron derrocados, Túnez y Egipto, la organización liderada por Osama Bin Laden, no sólo no mostró presencia protagónica alguna sino que ni siquiera entre las reivindicaciones principales de los sublevados figuraba la instalación de un sistema teocrático fundamentalista.

Son revoluciones que exigen libertad, más empleo y combate a la corrupción. No han aparecido prácticamente en ninguno de los casos que se extienden desde la última quincena de diciembre reivindicaciones de Al Qaeda ni pancartas mostrando simpatías por su escurridizo líder. Incluso, la propia Al Qaeda, salvo algún que otro comunicado aislado, no se ha pronunciado sobre los levantamientos.

¿Significa este silencio de Bin Laden y sus seguidores que están con menos margen para atentados?. La respuesta es no. Justo en febrero, aunque por los sucesos en el norte de África y en Oriente Medio pasara desapercibido,  la secretaria de Seguridad  Interior de los EE.UU., Janet Napolitano advertía que la amenaza terrorista contra el país estaban, en algunos aspectos, “en su estado más elevado” desde los ataques del 11 de setiembre del 2001.

“Junto a la amenaza de Al Qaeda y de los talibanes afganos, Napolitano ha afirmado que existen nuevos riesgos, como los de individuos que pueden actuar inspirados por la organización terrorista o aquellos que ya se encuentren en EE.UU”. (Radiotelevisión española, 5 de febrero de 2011).

En el mismo informe, el titular del Centro Nacional Antiterrorista, Michael Leiter dijo que la célula de Al Qaeda que está instalada en  Yemen, es ahora la principal amenaza a los EE.UU.

La coyuntura actual permite, por lo tanto, una distinción que habitualmente no se hacía antes que estallaran las revueltas árabes. Una cosa es Al Qaeda como eje organizativo disperso en células y con una definida estrategia de golpes de terror puntuales y con efecto mediático elevado.  Y otra muy distinta es que ésta línea haya calado en las masas árabes y menos en los jóvenes. Hasta ahora, ciertas visiones occidentales hacían mucho hincapié en este temor, y este miedo alimentaba el apoyo de no pocos países democráticos a las autocracias árabes. Ese apoyo no era gratis, era a cambio del suministro de petróleo. La explicación era que se constituían algo así como en el dique que contenía la penetración del islamismo radical en sus sociedades.

Ahora se ha visto que eso no era cierto.  En los casos de Túnez, Egipto y Libia se ve claro que se dedicaban a saquear a sus ciudadanos bajo regímenes policíacos y con la excusa del antiterrorismo tenían la tolerancia, el visto bueno y el apoyo de Europa y EE.UU.

Ahora se demostró que Al Qaeda está divorciada de las aspiraciones de las mayorías árabes. En ese sentido, el estallido árabe dejó descolocados a Al Qaeda, EE.UU. y Europa. La primera porque se demostró que no tiene masas grandes de seguidores, y los segundos porque les estallaron rebeliones en regímenes aliados a los que estaban apoyando por motivos de una falsa lectura de la realidad.

Carlos Martini
Sociólogo. Periodista. Docente.

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