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07 de Mayo, 2011 | /opinions/list

Al Qaeda, su momento y futuro

Meses malos para Al Qaeda. En primer lugar, las rebeliones árabes que se vienen sucediendo desde enero tanto en el norte de Africa como en el Oriente Medio no sólo no la tienen como protagonistasino, lo más relevante, esas masas de jóvenes desempleados y poblaciones hartas de corrupción, pobreza y ostentación de riquezas por parte de sus élites no se reivindican para nada como seguidoras de los principios de la organización liderada hasta la madrugada del lunes 2 por Osama Bin Laden.

En efecto, mientras que el islamismo radical reniega de la democracia y propone una teocracia gobernada sin pluralismo por clérigos que reprimen toda mínima manifestación de disidencia ( el caso de Irán es más que ilustrativo) las revoluciones árabes se mueven en las antípodas. Piden libertades y pluralismo.  En pocas palabras, Al Qaeda no ha podido penetrar en las mentes de enormes sectores árabes, lo cual le resta margen de maniobra y apoyos amplios.

En segundo lugar, el golpe dado por la inteligencia y el equipo comando estadounidense en Pakistán el lunes 2 constituye la derrota más grave para esta red terrorista que marcó presencia espectacular con los atentados en EE.UU el 11 de septiembre, pero cuyos antecedentes se remontan a los ochenta cuándo Osama Bin Laden y otros musulmanes radicales se sumaron a la resistencia afgana contra la invasión soviética. Ironías de la historia. En aquella ocasión eran aliados de Washington, en el marco de la guerra fría. Tenían como común adversario al comunismo. EE.UU. por motivos estratégicos de competencia por zonas de influencia global y Osama Bin Laden por su rechazo al imperio ateo.

Si es cierto que las computadoras halladas en la mansión cercana a Islamabad contienen datos que revelan que Bin Laden, a pesar de haber sido el hombre más buscado por la principal potencia de la tierra en los últimos diez años, conseguía dirigir todavía una parte importante de la estructura, la organización, la estrategia y la operación de acciones, su muerte y la información recabada es un durísimo revés para Al Qaeda.  Se destruyó una zona sensible de la misma. Sin contar el impacto simbólico de su muerte en manos de su enemigo jurado. Se licuó su perfil de todopoderoso para poner en vilo a Washington.

En tercer lugar, la muerte de Bin Laden puede tener consecuencias en la interminable guerra en Afganistán. Ocurre que una parte importante de los talibanes mantienen fluidos contactos con Al Qaeda y este nuevo escenario los puede obligar a tender puentes de negociación con las actuales autoridades afganas, aliadas de Washington.

Finalmente, y no lo menos importante. ¿Es el final de Al Qaeda?. La respuesta es un no rotundo. Ha quedado muy afectada con la muerte de su líder principal, pero reestructurará su liderazgo y con las múltiples ramificaciones internacionales sigue en condiciones de planear y ejecutar atentados. Por el momento es muy temprano para afirmar que se inicia una nueva era posterrorista.

 

Carlos Martini

Sociólogo. Periodista. Docente.

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