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12 de Agosto, 2010 | Desde la calle

Adultos mayores… siguen invisibles

En nuestro país las personas adultas mayores no tienen garantía de encontrar un empleo, tanto en el sector público como en el privado, una vez que perdieron un trabajo o quieran ingresar a la formalidad laboral.

Juana Esquivel, de 61 años de edad, es una compatriota desempleada. Quedó fuera de una empresa, donde ni figuraba en planilla, luego de 10 años de estar trabajando como limpiadora en ese lugar. Hoy, como hace 2 años, sigue buscando algún espacio que puedan darle para ganarse la vida honestamente.

La mujer, que ya quedó viuda, al no encontrar éxito en su pretensión laboral, hace de todo. A la mañana consigue que algunos de sus vecinos le encomienden lavar sus atuendos, a la siesta consigue cocinar para obreros de una construcción y parte de la noche aprovecha para ubicarse en una calle céntrica cercana a un Shopping, para cuidar vehículos estacionados, con los que se gana propinas.

A doña Juana la conocí estos días cuidando autos. La vi muy cansada, casi dormida mientras se recostaba en la pared de un teatro capitalino que cada noche ofrece espectáculos variados. Ya no estaba en condiciones de continuar parada allí, esperando moneditas. La pobre señora estaba agotada y desilusionada. Su aspecto y ánimo le daban 20 años más. Y lo peor, en su soledad vive en la indigencia.

Lamentablemente en Paraguay la vejez es vista como incapacidad, improductividad, ineficiencia, y decadencia en general. Estos atributos negativos que se asocian a la edad avanzada son consecuencias de un falso estereotipo, un mito que alguna vez se desterrará.

La verdad es que la población de la tercera edad (como es el caso puntual de doña Juana) se ve expuesta a una serie de restricciones y carencias que comúnmente se traducen en discriminación, maltrato, exclusión social y laboral, por lo que son uno de los grupos más desprotegidos de nuestro país, hasta el momento desatendidos por el Estado, que no tiene políticas públicas claras ni efectivas que los articule y beneficie, ni propicie la generación de empleos para este sector.

Los discursos son elegantes y bien formados por las autoridades nacionales (más bien, perfectamente maquillados). Anuncian sus logros en esta área. Quieren grandes titulares en los diarios por sus pequeñeces, que no logran responder a los problemas reales de fondo.

La realidad es otra en la calle. Sí, la calle muestra la otra cara de la moneda. Basta con mirar en los semáforos para ver donde está el país pobre, pobrísimo, abandonado. Allí muchos adultos mayores si no venden algún producto barato, limpian parabrisas de autos o piden limosnas.

Qué dura realidad le toca vivir a muchos de estos compatriotas.

La tercera edad es un segmento olvidado, un sector casi invisible. De los 500 mil que existen en Paraguay, solo 100 mil cuentan con ingresos por jubilación o pensión, y muchos de ellos son todavía cabeza de familia, porque sus hijos viajaron al extranjero buscando mejores horizontes.

El aporte de este sector a la sociedad y la producción nacional se debe revalorizar, como también readecuar nuestro mercado laboral de acuerdo a las características de este segmento poblacional

Por Diego Martínez

Reportero de Canal 13 y radio Cardinal

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