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14 de Julio, 2010 | Desde la calle

“Busco novia. Quiero sexo…”

El título de este artículo no es un invento ni antojo mío hecho público, buscando alguna pareja ocasional para complacer ese apetito carnal. No. Es uno de los miles de mensajes que he hallado en los últimos años en los diferentes baños públicos de Asunción, en los que, por la “urgencia” del momento, he visitado, fundamentalmente durante mis coberturas periodísticas.

Similar a internet, los que escriben en los toilettes utilizan el anonimato para dejar impresos sus grandes verdades que nunca dirían en persona. Y sin buscarlo crean una antología del retrete.

Los baños, con ese panorama, son la galería de los anónimos, el paseo de los rebeldes, el muro de los lamentos de los anárquicos.

Pero no solo están los literatos urbanos, también están los que tienen alguna gran fijación hacia los miembros sexuales. Por ejemplo, dibujan con tamaños desproporcionados los pechos de las mujeres y otras zonas ocultas y deseadas.

Paralela a esa necesidad del cuerpo, al momento de producirse la complacencia con el organismo, surge una necesidad insatisfecha: la expresión reprimida por las reglas sociales. Entonces, el sanitario se vuelve como el mural liberador por excelencia en donde el anonimato permite ocultar la identidad personal.

Mi curiosidad por estos escritos me ha llevado a colectar varias frases que están diseminadas por las paredes, espejos, puertas, ventanas, hasta por el mismo inodoro. En tal sentido, hasta podría clasificar estas viñetas eróticas.

Están aquellos que utilizan el baño como un lugar para otro tipo de “desahogo” además del biológico, como los ofrecidos. Expresan sus ambiciones sexuales. “estoy caliente, quiero tener sexo contigo, llámame: al…”. Casi similares, aparecen los cafichos que ofrecen intermediar para conseguir algún encuentro ardiente, y escriben: “Mi chica te hará de todo…”.

Por otro lado, están los que quieren despertar conciencia ciudadana. “Cuidá el medio ambiente, empezando por este baño”, "Prohibido cagar más de un kilo". Y está el más famoso: “Caga feliz, caga contento, pero, por favor, caga adentro!!!”.

En este conjunto, está el propagandístico. “Para que no nos caguen más, votale a Raquel…”. No faltan los sarcásticos. “El arte de un cocinero va a parar a este agujero”. Nunca faltan los predicadores escribiendo, por ejemplo. “Entrégale tu vida a Jesús, y serás salvo” y “Cristo te ama”.

Luego están los amenazantes. “Si volvés acá, te cago a patadas”. Y también el fanatismo llega hasta los retretes. Sí, los fanáticos de los clubes futbolísticos fundamentalmente: “Todos los olimpistas son pu…”

Este desahogo emocional que inunda los baños públicos, deja un claro mensaje: las paredes tienen una historia que contar, mucha gente tiene problemas de falta de comunicación con el entorno y prefiere el anonimato para liberar su pensamiento, emociones y sentimientos, y aunque pueda no parecerlo, tratan de encontrar alguna orientación aunque provenga de un desconocido. Si está bien o mal escribir en esas paredes, será tema de otro día.

Diego Martínez

Cronista de Canal 13 y radio Cardinal.

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