Lunes, 20 de Mayo de 2013, 05:05 (08:05 GMT)

21 de Febrero, 2013 | Platea Baja

Y lo hicieron correr nomás a Recanate...

Sí. Es muy problable que apenas leído el título pienses “esta es una Recanatista”, como hasta algunos altos directivos de nuestro fútbol lo creen. Pero vale aclarar que el único “ista” al que respondo es al de “Morelista”. Ahora, vayamos a lo que realmente interesa...

Bueno, en realidad, a lo que motivó este post tras una larga ausencia. Y una vez más, como si fuera planeado, tiene que ver con el aspecto dirigencial. Para ser más precisos, con la renuncia de Marcelo Recanate y toda su familia a la conducción del Olimpia.

El rumor ya estaba instalado hacía semanas.

En los medios de comunicación, en esa lucha intensa por tener la primicia, no se hablaba de otra cosa más que de la carta de renuncia del presidente, así como de quiénes serían sus sucesores. Hasta minutos antes del importante partido que jugaba el Decano ante la U, por la Copa Libertadores, solo se hablaba de aquello.

Y este miércoles 21 de febrero del 2013 se oficializó todo.

Apenas dos meses y medio después de haber iniciado su segundo período al frente del club Olimpia, el polémico empresario devenido a dirigente de fútbol renunció.

Dicen que por problemas de salud, pero eso es tan poco creíble como aquel cuento que Recanate ofreció unas disculpas públicas al titular de la APF, Juan Ángel Napout, simplemente porque así lo sintió.

No. De alguna manera hicieron correr al presidente más polémico que tuvo no solo el Olimpia sino el fútbol paraguayo -alguna vez alguien se animará a escribir un libro sobre él, y hasta se me ocurre el título perfecto: “Cómo no ser un presidente ejemplar”-.

Es que Marcelo Recanate no fue lo mejor que le pasó al fútbol de nuestro país. Sí, a la prensa deportiva, ávida de cuestiones polémicas y peleas, sin importar que estuvieran reproduciendo una y mil veces los agravios y las groserías que salían de la boca del directivo franjeado.

Marcelito tenía un sueño: Quería ser presidente del club de sus amores. Mamá y papá se lo cumplieron.

Marcelito pensó que podía manejar el Olimpia así como a sus exitosas empresas. Mamá y papá también.

Pero Marcelito se encontró con una profunda crisis, producto de cientos de demandas y millonarias deudas.

Con la ayuda de mamá y papá comenzó a intentar poner la casa en orden, pero al mismo tiempo con la firme intención de cumplir su promesa de volver a sacar campeón al Olimpia.

Y lo que desde la salida de ODD, los Oscar Vicente Scavone, Manuel Nogués Zubizarreta, Oscar Paciello y Eduardo Delmás no pudieron, lo consiguió el “paracaidista” Marcelo Recanate.

En su primer año de gestión, entre figuras contratadas y con las cuales protagonizó varias disputas dando cátedra de maltrato, consiguió un subcampeonato primero y el ansiado título número 39 a nivel local luego, devolviendo al Decano al ruedo de la Copa Libertadores.

En su segundo año volvió a repetir el subcampeonato, así como los maltratos e insultos, y hasta lideró una manifestación para solicitar la renuncia del titular de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF).

Tal vez aquí estuvo su mayor pecado.

Marcelito pensó que podía luchar contra una estructura bastante formada y protegida como es la dirigencial. Pero se encontró solo y se equivocó en los caminos. Fue suspendido por partida doble y aquí ni mamá ni papá pudieron ayudarlo, aunque en muchos de sus reclamos tuviera razón.

Es que, una vez más, su estilo desubicado y ofensivo de tratar a la gente no permitió siquiera que tuviera un solo aliado dentro de la Asociación, aún cuando demostró que se puede evitar la reventa de entradas -uno de los mayores problemas contra el que combaten los clubes (?)-

Marcelito quiso ser como ODD, e iba por buen camino. Un campeonato y dos subcampeonatos en dos años, además de la vuelta a la Libertadores, a cambio de más y más deudas. Lo emuló casi a la perfección.

Sí, porque cuando se habla de la crisis del Olimpia no se puede olvidar que la misma viene de antaño, de la época en que Osvaldo Domínguez Dibb apostaba a todo por ganar títulos, sin pensar en las consecuencias que acarrearía el no pensar en las inferiores ni en dejar un patrimonio económico al club.

Con este manejo, todo presidente que llegó a Para Uno se encontró con lo mismo: deudas y más deudas, con la terrible obligación de tener que ser campeón. Por ello no deja de ser irónico que justamente algunos de esos ex presidentes sean hoy quienes intenten salvar al Olimpia.

Marcelito se fue, ofreciendo las disculpas más increibles que se hayan visto en el mundo del fútbol paraguayo, y a solo dos meses y medio de haber sido reelecto sin oposición alguna.

Para quienes amamos el fútbol como deporte propiamente dicho es un alivio, pues se acabaron los insultos y maltratos públicos. Para quienes aman la polémica, habrá que buscar otro personaje, pues al que intentó revolucionar el fútbol le cortaron las alas.

Marcelito se fue y hay fiesta en el clan dirigencial. Esta vez mamá y papá no lo pudieron salvar... O, tal vez, lo salvaron alejándolo del políticamente contaminado mundo del fútbol…

¿Y ahora qué sigue?

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Comentarios

1 comentario
1.
Que buen articulo, y la idea central, llego Recanate, cumplió y se fue!

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