08 de Julio, 2010 | La Verdad de la Milanesa de Berenjena
Un pelotazo a la razón
De a poco se va despidiendo de nosotros el Mundial de Sudáfrica 2010. Todavía no se quién es el campeón, pero en todo caso hay un pulpo llamado Paul que se está encargando de vaticinar quien ganará cada partido con una precisión alarmante desde inicios de esta justa deportiva. Mi análisis de lo que nos dejó el Mundial no pasará por los atributos de Larissa ni por la muerte de D10S (Afamados médiums aseguran que esta fue la Copa del Mundo favorita de Nietzsche). No, yo voy a hablar de ese periodo de estupidez colectiva causado por el evento deportivo más grande del planeta.
El fútbol es un deporte y como todo deporte fue creado con fines de esparcimiento y para la sana práctica de ejercicios. El deporte es la mezcla perfecta entre el cuidado al cuerpo y la diversión. Las justas deportivas se vienen dando desde hace miles de años, desde las antiguas épocas de los Juegos Olímpicos que comenzaron en el 776 a.c. como una manera de unir a todos los estados griegos. Si bien cada estado enviaba a sus mejores representantes a competir el espíritu que había durante lo que durase la competencia era el de la paz. Se llegaron a poner treguas a batallas y guerras para poder realizar estas competencias. Evidentemente el objetivo principal de las Olimpiadas era conciliador y deportivo. Como debe ser.
Lastimosamente los seres humanos tenemos una tradición histórica de devaluar y destruir lo poco que hacemos bien. Así a lo largo de la historia vemos que, por ejemplo, de usar la pólvora para alegrar las fiestas del antiguo oriente ahora la usamos para matar, los grandes avances en la física y química no hace más que alimentar enormes artilugios utilizados para aniquilar más gente de una sola vez y de tener una sobria literatura vampírica ahora tenemos la saga de “Crepúsculo”. El deporte no podía estar ajeno a esta degeneración y el fútbol es el principal ejemplo. Específicamente los campeonatos mundiales, en donde representantes deportivos de cada país se retan a duelo en búsqueda de la gloria deportiva. Los competidores, en su gran mayoría, lo entienden y ven de esa manera pero los hinchas, los hinchas son otra historia.
Durante la Copa Mundial vimos como el patriotismo se unía con el patorerismo para dar nacimiento al “patriotero”, espécimen de escaso poder analítico, extremadamente pasional y emocional que se deja llevar por sus impulsos más básicos ante todo lo que considere una afrenta a lo “sagrado”. Ya semanas atrás Luís Bareiro dejaba en claro en su columna que el concepto de patria tal como lo piensa y entiende la mayoría de los que se dicen patriotas es falaz, inexacto y meramente populista. No existe nada más ridículo que rendirle pleitesía a un pedazo de tela, a una canción, a un escudo o a cualquier otro elemento que se utilice para generar un sentimiento de identidad colectiva. No hay vuelta que darle. Es la sinrazón en estado puro. La identidad es individual y se construye con los elementos de nuestra personalidad, nuestro carácter y con lo que nos rodea. Partiendo de esa premisa yo me considero tan “paraguayo” como “ucraniano”. El sentimiento de orgullo por el completamente aleatorio lugar de nacimiento que nos toca no tiene asidero lógico para ser defendido, es como sentirse orgulloso por haber acertado al número ganador jugando a la Quiniela. El lugar de nacimiento no nos define como personas, somos nosotros quienes definimos como es y será el lugar que habitamos con nuestras acciones. El sentimiento de nacionalidad es tan sostenible como el sentido de pertenencia común de los nacidos bajo el signo de Aries.
Las reacciones a los videos “ofensivos” de las cadenas Sport TV de Brasil y Cadena 4 de España son la muestra de lo que lo arriba expuesto genera. Una gran parte de los internautas del país se sintió “ofendida” por dos videos de muy mala factura tanto de producción, guión y sentido del humor. En ambos videos se hacían acotaciones sobre la identidad del paraguayo. A mi no me movió un pelo. Ni para reír, ni para llorar o enfadarme. Culpa de ello lo tiene, como dije, la mala calidad de realización de los materiales. Me asombró –si, todavía conservo algo de asombro para fines prácticos – la reacción desmedida de la gente que en formato horda invasora atacó la web de Sport TV y los perfiles de Facebook del actor de la Cadena 4 responsable del video español. Cuando las aguas parecían amainar en braveza apareció el corresponsal canadiense de la cadena deportiva ESPN en Sudáfrica Chris Jones a hablar de lo “aburrido” del juego mostrado por la selección paraguaya durante la copa del mundo. Además, pobre muchacho, hizo comentarios sobre la Guerra de la Triple Alianza. Cerca de mil furiosos internautas ayudados por Google Translate echaron pestes y culebras sobre su humanidad. El artículo de Jones es hilarante, posee un brillante manejo de la ironía y una prosa llena de sarcasmo que generaría la envidia del mismo George Carlin. Pero la ironía y el sarcasmo no son monedas de uso corriente aquí. Se los trató a todos de enemigos de la patria y se los condenó a muerte. ¡Tontos!
No existe peor enemigo de un paraguayo que otro paraguayo. Es a él a quien se debe condenar. Hay que condenar al político que desde su banca hace todo lo posible por cargarse los bolsillos con el dinero de quienes los votan. Los perfiles de Facebook que deben llenar de mensajes son los de los funcionarios públicos quienes quieren seguir siendo sanguijuelas. A quien deben dedicar sus palabras de repudio es a Federación de Educadores que paraliza regularmente la poca y mala educación que pueden entregar desde su cretinismo. Puedo seguir dando ejemplos hasta el hartazgo. Pero los que se ofenden con tanta facilidad prefieren hacerlo porque alguien del afuera los hace notar que no estamos en ese hermoso país que la bandera, el león y el himno nos quieren hacer creer. El pecado de esa gente es la simple observación de todo lo que está mal ya que aquí la ceguera es bienvenida.
La razón murió de un pelotazo, se premia a lo emocional, a lo vacuo y al patrioterismo de cotillón, ese que aparece cada vez que juega la Albirroja y que contagia de falso entusiasmo a todos los que deciden dejar de pensar para dedicarse exclusivamente a sentir. Y justo en el país en donde más “pienso” falta.
Increíble.
El fútbol es un deporte y como todo deporte fue creado con fines de esparcimiento y para la sana práctica de ejercicios. El deporte es la mezcla perfecta entre el cuidado al cuerpo y la diversión. Las justas deportivas se vienen dando desde hace miles de años, desde las antiguas épocas de los Juegos Olímpicos que comenzaron en el 776 a.c. como una manera de unir a todos los estados griegos. Si bien cada estado enviaba a sus mejores representantes a competir el espíritu que había durante lo que durase la competencia era el de la paz. Se llegaron a poner treguas a batallas y guerras para poder realizar estas competencias. Evidentemente el objetivo principal de las Olimpiadas era conciliador y deportivo. Como debe ser.
Lastimosamente los seres humanos tenemos una tradición histórica de devaluar y destruir lo poco que hacemos bien. Así a lo largo de la historia vemos que, por ejemplo, de usar la pólvora para alegrar las fiestas del antiguo oriente ahora la usamos para matar, los grandes avances en la física y química no hace más que alimentar enormes artilugios utilizados para aniquilar más gente de una sola vez y de tener una sobria literatura vampírica ahora tenemos la saga de “Crepúsculo”. El deporte no podía estar ajeno a esta degeneración y el fútbol es el principal ejemplo. Específicamente los campeonatos mundiales, en donde representantes deportivos de cada país se retan a duelo en búsqueda de la gloria deportiva. Los competidores, en su gran mayoría, lo entienden y ven de esa manera pero los hinchas, los hinchas son otra historia.
Durante la Copa Mundial vimos como el patriotismo se unía con el patorerismo para dar nacimiento al “patriotero”, espécimen de escaso poder analítico, extremadamente pasional y emocional que se deja llevar por sus impulsos más básicos ante todo lo que considere una afrenta a lo “sagrado”. Ya semanas atrás Luís Bareiro dejaba en claro en su columna que el concepto de patria tal como lo piensa y entiende la mayoría de los que se dicen patriotas es falaz, inexacto y meramente populista. No existe nada más ridículo que rendirle pleitesía a un pedazo de tela, a una canción, a un escudo o a cualquier otro elemento que se utilice para generar un sentimiento de identidad colectiva. No hay vuelta que darle. Es la sinrazón en estado puro. La identidad es individual y se construye con los elementos de nuestra personalidad, nuestro carácter y con lo que nos rodea. Partiendo de esa premisa yo me considero tan “paraguayo” como “ucraniano”. El sentimiento de orgullo por el completamente aleatorio lugar de nacimiento que nos toca no tiene asidero lógico para ser defendido, es como sentirse orgulloso por haber acertado al número ganador jugando a la Quiniela. El lugar de nacimiento no nos define como personas, somos nosotros quienes definimos como es y será el lugar que habitamos con nuestras acciones. El sentimiento de nacionalidad es tan sostenible como el sentido de pertenencia común de los nacidos bajo el signo de Aries.
Las reacciones a los videos “ofensivos” de las cadenas Sport TV de Brasil y Cadena 4 de España son la muestra de lo que lo arriba expuesto genera. Una gran parte de los internautas del país se sintió “ofendida” por dos videos de muy mala factura tanto de producción, guión y sentido del humor. En ambos videos se hacían acotaciones sobre la identidad del paraguayo. A mi no me movió un pelo. Ni para reír, ni para llorar o enfadarme. Culpa de ello lo tiene, como dije, la mala calidad de realización de los materiales. Me asombró –si, todavía conservo algo de asombro para fines prácticos – la reacción desmedida de la gente que en formato horda invasora atacó la web de Sport TV y los perfiles de Facebook del actor de la Cadena 4 responsable del video español. Cuando las aguas parecían amainar en braveza apareció el corresponsal canadiense de la cadena deportiva ESPN en Sudáfrica Chris Jones a hablar de lo “aburrido” del juego mostrado por la selección paraguaya durante la copa del mundo. Además, pobre muchacho, hizo comentarios sobre la Guerra de la Triple Alianza. Cerca de mil furiosos internautas ayudados por Google Translate echaron pestes y culebras sobre su humanidad. El artículo de Jones es hilarante, posee un brillante manejo de la ironía y una prosa llena de sarcasmo que generaría la envidia del mismo George Carlin. Pero la ironía y el sarcasmo no son monedas de uso corriente aquí. Se los trató a todos de enemigos de la patria y se los condenó a muerte. ¡Tontos!
No existe peor enemigo de un paraguayo que otro paraguayo. Es a él a quien se debe condenar. Hay que condenar al político que desde su banca hace todo lo posible por cargarse los bolsillos con el dinero de quienes los votan. Los perfiles de Facebook que deben llenar de mensajes son los de los funcionarios públicos quienes quieren seguir siendo sanguijuelas. A quien deben dedicar sus palabras de repudio es a Federación de Educadores que paraliza regularmente la poca y mala educación que pueden entregar desde su cretinismo. Puedo seguir dando ejemplos hasta el hartazgo. Pero los que se ofenden con tanta facilidad prefieren hacerlo porque alguien del afuera los hace notar que no estamos en ese hermoso país que la bandera, el león y el himno nos quieren hacer creer. El pecado de esa gente es la simple observación de todo lo que está mal ya que aquí la ceguera es bienvenida.
La razón murió de un pelotazo, se premia a lo emocional, a lo vacuo y al patrioterismo de cotillón, ese que aparece cada vez que juega la Albirroja y que contagia de falso entusiasmo a todos los que deciden dejar de pensar para dedicarse exclusivamente a sentir. Y justo en el país en donde más “pienso” falta.
Increíble.
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