13 de Agosto, 2010 | La Verdad de la Milanesa de Berenjena
La falacia naturalista
Por RamVel
Si bien las aguas están relativamente calmas el horizonte se mantiene nublado en lo que corresponde al debate (por decirlo de alguna manera) sobre el matrimonio, casamiento o unión civil entre personas del mismo sexo. Hago esta diferencia de términos porque todavía no existe un consenso sobre como llamar al acto por el cual dos personas del mismo sexo deciden ligar sus vidas contractualmente sometiéndolas al escrutinio social y estatal.
En el mes de Octubre los chicos y chicas de la asociación Somosgay presentarán al Congreso un proyecto de ley que busca igualar los derechos de las parejas del mismo sexo para casarse. Varios sectores reaccionarios (de índole mayormente religiosa) están preparando una férrea lucha para que las Cámaras no aprueben esta iniciativa y de esta manera atentar, una vez más, contra las libertades individuales. El eje de la conversación de estos sectores abanderados de la intolerancia es estrictamente dogmático. Es decir, toda la construcción estructural de la moral y la ética de estos grupos de reacción está basada en la mística milenaria propia de un libro como la biblia (me niego a usar las mayúsculas con ciertas palabras) por lo que el eje, como hablábamos, no es racional, lo que dificulta contribuir a un debate sensato con ellos.
No voy a perder mi tiempo comentando ni refutando los aspectos bíblicos de los argumentos en contra del casamiento de personas del mismo sexo o mismo de la homosexualidad si vamos al caso. Me voy a centrar, por un breve espacio de tiempo, en la falacia naturalista que los grupos de reacción e intolerancia pretenden implantar como racionales. El principal argumento esgrimido en contra de la unión de dos personas del mismo sexo (sea esta una unión ligera como un levante o de mayor tinte serio como un casamiento) habla de la no-naturalidad de la misma. Vamos, lo que nos quieren decir es que un hombre no puede estar de amores o tener sexo con otro hombre porque eso “NO ES NATURAL” y por lo tanto “NO ES BUENO”.
Aquí nos encontramos con el primer escollo racional. El de la falacia naturalista. El asunto es simple, tratar de buscar el significado de “bueno” dentro del concepto de “natural” es un error de primaria pero es importante aclarar esto. En lo que queda del año vamos a escuchar y leer mucho el argumento naturalista para atacar la posición gay. En la naturaleza la reproducción se da entre un macho y una hembra, esto es lo “natural”, por lo tanto nada fuera de ese contexto puede ser “bueno”. Las comillas están estratégicamente ubicadas en ambas palabras ya que los conceptos de bueno y natural NO SON CLAROS y pueden ser manipulados a voluntad para hacerlos cuadrar con la agenda de preferencia.
Intentar buscar respuestas éticas y morales fijando nuestra mirada en la Naturaleza – utilizo este término en el sentido germano de “el carácter de los animales”- no nos llevará muy lejos en el camino del descubrimiento ya que la evolución no nos ha preparado genéticamente para algo más que perpetuar la especie. En ese contexto se puede definir a lo que es “bueno” por lo estrictamente reproductivo. Es decir, el mejor escenario posible para un hombre es el de preñar a la mayor cantidad de féminas posibles con su ADN para de este modo perpetuarse a sí mismo. Eso es lo que hacen los animales en la naturaleza, esa es la “bondad natural”. No existe genéticamente hablando nada mejor que ser el padre de miles de niños de los cuales no tengo responsabilidad financiera alguna.
Queda más que claro que es inútil buscar respuestas morales y éticas en la Naturaleza. La supervivencia de la especie es lo que guía el comportamiento natural pero eso exige violaciones éticas y morales ENORMES en ese campo. Cuestiones que los seres humanos supimos dejar de lado en nuestro camino evolutivo y que no deben ser traídas de vuelta a colación con el objetivo oscuro de confundir lo místico con lo natural.
Ambas cosas tiene un contenido negativo enorme que es preciso eliminar si queremos tener un debate serio y sano sobre los derechos individuales de quienes deciden compartir su felicidad juntos.
En el mes de Octubre los chicos y chicas de la asociación Somosgay presentarán al Congreso un proyecto de ley que busca igualar los derechos de las parejas del mismo sexo para casarse. Varios sectores reaccionarios (de índole mayormente religiosa) están preparando una férrea lucha para que las Cámaras no aprueben esta iniciativa y de esta manera atentar, una vez más, contra las libertades individuales. El eje de la conversación de estos sectores abanderados de la intolerancia es estrictamente dogmático. Es decir, toda la construcción estructural de la moral y la ética de estos grupos de reacción está basada en la mística milenaria propia de un libro como la biblia (me niego a usar las mayúsculas con ciertas palabras) por lo que el eje, como hablábamos, no es racional, lo que dificulta contribuir a un debate sensato con ellos.
No voy a perder mi tiempo comentando ni refutando los aspectos bíblicos de los argumentos en contra del casamiento de personas del mismo sexo o mismo de la homosexualidad si vamos al caso. Me voy a centrar, por un breve espacio de tiempo, en la falacia naturalista que los grupos de reacción e intolerancia pretenden implantar como racionales. El principal argumento esgrimido en contra de la unión de dos personas del mismo sexo (sea esta una unión ligera como un levante o de mayor tinte serio como un casamiento) habla de la no-naturalidad de la misma. Vamos, lo que nos quieren decir es que un hombre no puede estar de amores o tener sexo con otro hombre porque eso “NO ES NATURAL” y por lo tanto “NO ES BUENO”.
Aquí nos encontramos con el primer escollo racional. El de la falacia naturalista. El asunto es simple, tratar de buscar el significado de “bueno” dentro del concepto de “natural” es un error de primaria pero es importante aclarar esto. En lo que queda del año vamos a escuchar y leer mucho el argumento naturalista para atacar la posición gay. En la naturaleza la reproducción se da entre un macho y una hembra, esto es lo “natural”, por lo tanto nada fuera de ese contexto puede ser “bueno”. Las comillas están estratégicamente ubicadas en ambas palabras ya que los conceptos de bueno y natural NO SON CLAROS y pueden ser manipulados a voluntad para hacerlos cuadrar con la agenda de preferencia.
Intentar buscar respuestas éticas y morales fijando nuestra mirada en la Naturaleza – utilizo este término en el sentido germano de “el carácter de los animales”- no nos llevará muy lejos en el camino del descubrimiento ya que la evolución no nos ha preparado genéticamente para algo más que perpetuar la especie. En ese contexto se puede definir a lo que es “bueno” por lo estrictamente reproductivo. Es decir, el mejor escenario posible para un hombre es el de preñar a la mayor cantidad de féminas posibles con su ADN para de este modo perpetuarse a sí mismo. Eso es lo que hacen los animales en la naturaleza, esa es la “bondad natural”. No existe genéticamente hablando nada mejor que ser el padre de miles de niños de los cuales no tengo responsabilidad financiera alguna.
Queda más que claro que es inútil buscar respuestas morales y éticas en la Naturaleza. La supervivencia de la especie es lo que guía el comportamiento natural pero eso exige violaciones éticas y morales ENORMES en ese campo. Cuestiones que los seres humanos supimos dejar de lado en nuestro camino evolutivo y que no deben ser traídas de vuelta a colación con el objetivo oscuro de confundir lo místico con lo natural.
Ambas cosas tiene un contenido negativo enorme que es preciso eliminar si queremos tener un debate serio y sano sobre los derechos individuales de quienes deciden compartir su felicidad juntos.
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